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Fundación Participar
Miércoles 18 de abril de 2012 - 12:00 AM

Evaluación del maestro y del alumno

Publicado por: Fundación Participar

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No puede parecer reiterativo insistir en que no debe omitirse esfuerzo alguno para alcanzar una educación de calidad, solo de esta manera será posible eliminar la inequidad y cerrar las profundas brechas sociales de nuestro país. Y en el seguimiento y evaluación de la calidad, el Ministerio de Educación Nacional ha avanzado de forma significativa en las últimas cuatro décadas, como ejemplo de lo anterior mencionamos las pruebas, cada vez más perfeccionadas, que presentan los niños, adolescentes y jóvenes universitarios: Saber 5º y 9º, Saber 11º y Saber Pro, desarrolladas y mejoradas por el Icfes. Sin embargo, la evaluación de los alumnos es solo una cara de la moneda; muy  poco se habla sobre la calidad de los maestros, a sabiendas de lo decisiva que esta resulta para la calidad del proceso educativo. De forma simultánea y con periodicidad similar deberían aplicarse pruebas que den razón de las competencias del maestro para enseñar.


Pruebas de esta naturaleza ayudarían a comprender por qué nuestra juventud no está desarrollando competencias para la vida ni ha logrado los aprendizajes esperados. Igualmente, podrían evidenciar que los docentes y directivos docentes en ejercicio tienen debilidades en cuanto a herramientas didácticas, para fortalecer el desarrollo de competencias en sus estudiantes.  Se reconoce que el Ministerio de Educación Nacional ha elaborado tal tipo de pruebas y trabaja en su mejoramiento; pero o no se hacen públicos los resultados o los maestros son reacios a presentarlas, para no desnudar sus debilidades pedagógicas.  Es necesario reconocer que el maestro es un actor principal en este escenario y si se piensa en una política de mejoramiento, es imperativo mirar el desarrollo profesional de los maestros.


Avanzar hacia la calidad de la educación implica coordinar acciones en beneficio de la formación de los educadores, para desarrollar o fortalecer sus competencias profesionales, actualizar y profundizar sus conocimientos, propender por su crecimiento personal y en consecuencia mejorar su desempeño y de esta manera responder a las necesidades y demandas de la sociedad.


Con base en la información que brinde la mencionada evaluación se deben diseñar los planes que apoyen y dinamicen la formación de los maestros de la enseñanza básica, virtual o presencial. En este contexto cabría la pregunta ¿algo similar podría hacerse para los maestros universitarios, en provecho del crecimiento de la calidad de la educación superior?

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