Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
Ahora que ha viajado a China el Presidente de la Republica con un importante equipo de colaboradores para mejorar las relaciones comerciales entre los dos países, oportuno es leer el último libro de Henry Kissinger titulado, China.
Este famoso Ex Secretario de Estado de los Estados Unidos y uno de los más connotados expertos en geopolítica mundial de los últimos tiempos, fue como ninguno el gran artífice de poner fin a las tensiones entre las dos naciones y del histórico encuentro en 1972 del presidente Richard Nixon con Mao Zedong, que dio comienzo a unas relaciones políticas y comerciales fundamentales para sus mutuos intereses que cambiaron el panorama de la guerra fría con la Unión Soviética. En este singular partido de la diplomacia mundial también jugó un papel fundamental el célebre Zhou Enlai, para entonces Ministro de Relaciones Exteriores de China.
China se ha convertido en una superpotencia económica y en un importante factor en la configuración del orden político mundial. Después de la muerte de Mao, “el gran timonel”, emergió como máxima figura Den Liaoning el pragmático, el que con su frase “ no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”, introdujo el sistema capitalista y la propiedad privada pero con un modelo político bajo la férrea disciplina del Partido Único con su poderoso Comité Central y una definición de comunismo expresada por alguno de sus dirigentes: “nosotros somos el partido y por lo tanto definimos qué es comunismo”.
En este contexto de la globalización de los mercados, ojalá la visita a China del presidente Santos sirva para incrementar nuestras exportaciones de petróleo y carbón que tanto necesita el gigante asiático para sostener su impresionante crecimiento económico. Que vengan también misiones de inversionistas especialmente en minería e infraestructura. Ya lo de un Tratado de Libre Comercio amerita estudios y análisis muy profundos, pues por diversas razones de índole laboral principalmente, los costos de producción de los artículos chinos son tan bajos, que les ha permitido inundar al mundo de una amplia gama de productos a costa de la supervivencia y del empleo de infinidad de empresas manufactureras principalmente.











