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Gustavo Galvis Hernández
Martes 12 de enero de 2016 - 12:01 AM

El acuerdo de París

Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez

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La abrumadora evidencia científica señala que desde 1750, cuando comenzó la llamada revolución industrial, el planeta está experimentando un calentamiento progresivo que continuará en el presente siglo como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producidos por la acción humana, principalmente por el consumo de petróleo, carbón, gas natural y la deforestación.

De ahí la importancia crítica de la Cumbre de París sobre el clima realizada recientemente con la asistencia de 195 jefes de Estado, liderada por los gobiernos de Estados Unidos, China e India, los países más contaminadores de la atmósfera. La meta es impedir que la temperatura de la tierra se incremente en más de 2 grados centígrados por las desastrosas consecuencias económicas, políticas, sociales y ambientales, que ello implica.

Con el acuerdo de París, vinculante o de obligatorio cumplimiento, todos los países se comprometieron a frenar el cambio climático; tiene metas globales de largo plazo en mitigación y adaptación al mismo y financiación al respecto. Sus resultados y objetivos serán revisados cada cinco años. Todos los gobiernos deben reportar sus avances y demostrar o comprobar sus logros.

En este contexto, Colombia que aporta el 0,46% por ciento de los gases de efecto invernadero, se comprometió a disminuirlos en un 20% para el año 2030. Es una obligación de todos: gobierno nacional, gobernadores, alcaldes, industriales, constructores, ciudadanía en general, y debe comenzar con una estrategia de educación e información amplia y permanente para todos los sectores.

Serán comunes los proyectos de eficiencia energética, de generación de energías limpias o renovables -hídrica, eólica, solar, térmica, mareomotriz- transporte eficiente, empresas con producción baja en carbono, ecourbanismo, arquitectura bioclimática, reciclaje, entre otros. Pero lo fundamental: parar la deforestación, salvar los páramos y sembrar centenares de millones de árboles -en ciudades y campos- pues son los grandes sumideros de dióxido de carbono, y las fábricas de agua.

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