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Miércoles 06 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

“Galafardeando” el debate

Columnista: Isaí Fuentes Galván

La palabra “galafardear” no se encuentra en el diccionario de la RAE. Es la expresión con la que en la provincia de Soto se denomina desde hace muchos años a la actividad de escarbar en la roca para encontrar oro, llamándose “galafardo” quien a ella se dedica.

El debate sobre si debemos permitir o no la explotación de oro en el páramo de Santurbán se está haciendo mal, no es necesario “galafardear” mucho para advertirlo.

Este debate como cualquier otro que involucre intereses colectivos, es necesario y esencialmente político, porque tiene que ver con la decisión política que debe tomar el gobierno, con participación de la ciudadanía, sobre un tema también político: el modelo de aprovechamiento de los recursos naturales de la nación.

Para que ese debate pueda darse con participación ciudadana, un primer presupuesto es que la ciudadanía esté bien informada, desde lo técnico, lo político y lo social, con argumentos serios y fundados, no con rumores ni especulaciones.

El debate técnico es pertinente para advertir los reales riesgos de daño al ecosistema de páramo y a las fuentes hídricas.

El social para prever el impacto que desde y en lo social podría tener la intervención minera en esa región.

Este “debate” ha degenerado en una campaña de desinformación, guerra sucia, y satanización basada en especulaciones y rumores, que nada bueno le aportan al mismo; por el contrario, lo deslegitiman.

Creer que insultando y satanizando a quienes defienden la minería, o a quienes establecen relaciones comerciales, laborales o académicas con la minera, es la forma de ganar el debate, es errado y temerario, denota escasez de argumentos válidos.

Es legítimo que quienes defienden la minería puedan hacerlo con garantías, tal y como las tienen quienes defienden el agua. Lo ilegítimo y populista es querer sacarle provecho electoral al tema, repitiendo como loros lo que la gente quiere escuchar.

Mientras abundan los insultos y las descalificaciones se deja de lado lo esencial: ¿Cómo aprovechamos ese oro sin dañar nuestro ecosistema?

Ese problema debe tener alguna solución y no la vamos a encontrar insultándonos y difamándonos.

Autor:
Isaí Fuentes Galván
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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