Publicado por: Jaime Luis Gutierrez
En casi todas las personas existe un sentimiento de no ser suficientemente buenos y la sensación de no ser merecedores de reconocimiento por lo que hacen por sus familias, la comunidad en la que viven o las empresas en donde laboran.
Este sentimiento de minusvalía se manifiesta en la hipertensión, enfermedad que aqueja hoy a tanta gente que tiene que hacer un esfuerzo sobrehumano para afrontar la vida diaria; en la hipotensión, la hipoglicemia, las leucemias y las enfermedades cardiacas, que denotan el deseo de huir o el sentimiento de fracaso; en las enfermedades renales y de las vías urinarias, que expresan el miedo a hablar; en el hipotirodismo, tan de moda en las mujeres, después de generaciones y milenios de discriminación machista; en los obesos y obesas de todo el mundo, con ganas de acercarse a los otros, pero llenos de miedo al rechazo, porque su autoestima no supera los límites que necesita para protegerse de sus fantasmas.
Se nos ha dicho que amemos al prójimo como a nosotros mismos, pero no se nos ha enseñado a amarnos a nosotros mismos, a sabiendas de que es del amor a uno mismo de donde surgen la libertad, la felicidad y el alejamiento de toda esclavitud o manipulación. ¿Por qué tanta gente compra chucherías innecesarias, si no porque cree que en esas cosas puede encontrar la felicidad?
Vivimos en una sociedad que privilegia el ”tener” sobre el “ser”, para que el ser humano nunca esté satisfecho buscando en tener lo que no encontrará nunca para ser.
Una alta autoestima y un sincero amor a sí mismo son necesarios para que nos liberemos de las culpas, las autocensuras y los juicios innecesarios, que son los baluartes necesarios para lograr una salud integral del cuerpo y del alma.
Solo quien se ama a sí mismo anda con la frente en alto y el pecho erguido, para que los rayos cósmicos atraviesen verticalmente su estructura corporal, inundándola de salud, amor y energía. (Adaptado del libro ¡Somos Chamanes! de Pedro Rodríguez Serrano)










