Publicado por: Jairo Martinez
Muchas veces nos sentimos mal, nos entristecemos o indignamos por algo que perdemos o por una expectativa que no se nos cumplió o no se nos dio en la forma como la esperábamos. Sin embargo, por los caminos de la vida uno aprende, tarde o temprano, que aquello que nos fue negado tenía su razón de ser para nuestro propio beneficio.
La historia a continuación ilustra este aspecto y nos permite reflexionar para evitar sentirnos tan mal cuando las cosas parecen tomar un rumbo diferente al que queremos:
Había un rey que tenía una persona de su absoluta confianza que llevaba siempre con él a cualquier lado. El rey, ante cualquier duda, le preguntaba, pero esta persona siempre le respondía lo mismo: “Mi señor, todo lo que pase es para tu bien”. Un día, estando de cacería, el rey manipuló mal su arco y se amputó un dedo. Presa del dolor y ante su infortunio, le pregunta al consejero: “¿Por qué me ha pasado esto a mi?”. El hombre respondió como siempre: “Todo lo que pasa es por tu bien.” Al escuchar esto, el rey se enojó en gran medida y lo hizo encerrar de por vida.
Pasados unos meses y ya curado de su herida, el rey sale nuevamente de cacería y al pasar por un bosque que no conocía lo atraparon unos aborígenes antropófagos. Antes de comérselo lo revisaron y vieron que le faltaba un dedo, entonces se asustaron y lo dejaron ir ya que, según sus creencias, si la persona no estaba entera no podían utilizarla para el almuerzo.
El rey con gran alegría volvió e hizo soltar a su consejero y llenándole de disculpas y de regalos le dijo: “Cuánta razón tenías mi buen amigo, ahora déjame hacerte una pregunta, ¿Cuál fue tu beneficio al haberte encerrado?”El hombre respondió: “Oh mi rey. Yo siempre estaba contigo día y noche, si no me hubieras encerrado habría ido contigo de cacería y a mi no me falta ninguna parte del cuerpo”.











