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Juliana Martínez
Jueves 18 de octubre de 2018 - 12:01 AM

No son monstruos, son familiares

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Publicado por: Juliana Martínez

A raíz del Día Internacional de la Niña, han salido varios artículos que muestran la violencia de todo tipo, pero sobre todo sexual, que viven miles de niñas en el país.

Uno de los aspectos que resulta más perturbador y que representa el mayor reto para nuestra sociedad es que, contrario a lo que suele pensarse, la mayoría de estos abusos son perpetrados por familiares: padres, tíos, primos, abuelos y padrastros son los principales violadores de las niñas colombianas.

Antes esta realidad, seguir pretendiendo que la violencia sexual es perpetrada por seres monstruosos o malvados extraños permite que esta siga ocurriendo y permanezca impune.

Medidas populistas como la cadena perpetua para violadores ignoran este hecho y pueden tener el efecto contrario: en vez de prevenir la violencia sexual la perpetúan, pues desincentivan las denuncias.

Además, este tipo de medidas no hacen nada para cambiar las dinámicas que permiten que estos abusos sigan ocurriendo.

Hasta que no entendamos y asumamos que el abuso sexual no tiene nada que ver con la sexualidad, sino con las dinámicas de poder que se establecen en las familias y la sociedad, no vamos a lograr prevenirla.

Todo hogar basado en una jerarquía donde “el hombre de la casa” se siente dueño de las vidas y los cuerpos de los demás será un lugar violento.

Los monstruos no existen. Los abusadores son los hombres que amamos: los padres que respetamos, los primos con los que jugamos, los tíos con los que bailamos el 31 de diciembre.

Por eso, para evitar el abuso sexual tenemos que re-educarnos como sociedad. Tenemos que mirarnos al espejo para aprender a reconocer, prevenir y, de ser necesario, detener y denunciar las dinámicas abusivas que de distintas maneras les dicen a los hombres que sus vidas, sentimientos, deseos y necesidades son más importantes que los de las mujeres y niños a su alrededor, y que tienen el derecho (e incluso el deber) de decidir por ellos.

Seamos claros, los abusadores de niños no son una anomalía dentro del sistema de valores tradicionales. Son solo su expresión más extrema y coherente.

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