Publicado por: Manolo Azuero
Dos disparos y 18 puñaladas acabaron con la vida de Danny Ramírez, un deportista de 29 años. Lo mataron debajo del viaducto García Cadena, en un lugar que hoy algunos aún se atreven a llamar Parque de Deportes Extremos. Querían robarle el celular y lo acribillaron cuando se negó. Pero no fue sólo la demencia de los asesinos lo que condujo a la tragedia. La de Danny es una crónica de una muerte anunciada. Él tuvo la mala suerte de ser la víctima mortal, la gota que rebosó la copa. Sus amigos temían hace meses que algo así podría pasar. En la absoluta negligencia de una administración mediocre arranca la historia que el jueves pasado dejó a un ‘skater’ agonizando en un pastizal.
La Alcaldía de Fernando Vargas Mendoza puso a soñar a los deportistas de Bucaramanga con un Parque ‘moderno’ en el barrio San Martín. Después de 4 mil millones de pesos ‘enterrados’ en la obra, sólo quedó una pista de skate terminada. El terreno permanece sin cerramiento, las plazoletas planeadas están a medio hacer, así como los baños, los senderos y la iluminación.
El supuesto Parque lo conocí en septiembre del año pasado. Fui aquella vez con Pastor Virviescas, Jefe de Redacción del periódico 15 de la UNAB. El 30 de septiembre de 2011, en esta misma tribuna, llamé la historia “El Parque de la desidia”. Pastor tituló la suya “El Pantano de Vargas”. Contamos que la obra era un ‘elefante blanco’, otro más del destituido e inhabilitado Alcalde Liberal. Al papel transcribimos lo que Oscar Piñeres y Juan David Arias nos contaron. Ellos, deportistas ‘entregados’ a su pasión, sufrían la displicencia de la administración municipal. Practicaban su deporte en el colmillo del elefante: La inseguridad ya los asediaba y sus quejas no eran escuchadas.
Los habitantes de San Martín hicieron los mismos reparos: La Alcaldía los había engañado, el sueño de un Parque deportivo se había convertido en una pesadilla, en albergue de ladrones y drogadictos. Por esos días a Danny no lo habían matado. Más de siete meses pasaron, la desidia del Gobierno se mantuvo impasible y lo que todos temían ocurrió: Asesinaron al más inocente de una historia absurda.
Algunos periodistas y uno que otro comentarista irresponsable, han querido culpar al barrio San Martín del vil crimen. “¿A quién se le ocurre construir un Parque al lado de un barrio pobre?”, se preguntan engreídos. De lejos equivocados, rayan en la torpeza. Nada tiene que ver la gente de San Martín, son solo víctimas, no victimarios de esta trama. Debajo del mayor desvelo del Alcalde - el tercer carril para los carros del sur-, los habitantes de aquel barrio y deportistas de la ciudad esperan impacientes que lo que les prometieron se haga realidad. Merecen ellos, más que los carros el tercer carril, un Parque de verdad, seguro y bonito, digno de sus sueños.
@ManoloAzuero









