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Puno Ardila
Lunes 06 de febrero de 2012 - 12:00 AM

Réplicas de profesoras (I)

Publicado por: Puno Ardila

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Los mensajes recibidos por “apuntes para la reforma de la educación” hacen evidente la falta de capacidad de lectura, y tratándose del ámbito educativo, la preocupación aumenta. A pesar de haberse anunciado la transcripción del documento de Piedad Santos, los mensajes me atacan a mí, pero no rebaten los argumentos; se refieren al conflicto en la Normal, aunque el texto no habló de ese conflicto. No se discutió la pérdida de tiempo académico, y debe incluirse este tema, por derecho y por deber de los profesores, durante actividades de manifestación, incapacidad, celebración, o de lo que sea, que disminuyen el tiempo real del proceso académico. Estos tiempos y su recuperación deben estar respaldados, pero a la vez regulados, en instituciones públicas y privadas, como deben regularse con seriedad los niveles salariales: si en las instituciones públicas se gana mal, en las privadas los docentes son literalmente sometidos a contratos miserables.

Pero volvamos a los mensajes. Hubo uno, sin firma, del correo de Alba Rocío Méndez Barajas, que transcribo textualmente, sin correcciones:

“Muy respetuosamente me permito informar de la verdadera razón del conflicto en la escuela normal.

La convivencia y falta de armonia producto del autoritarismo y atropellos impuestos por la rectora.

No es el horario,no es la intensidad horaria, no es que no queremos trabajar los resultados lo demuestran

Las otras actividades que usted enumera, hace años se acabaron en la institucion. Consulte antes de lanzar juicios.
En un acto moral de libertad publique la replica.

cordialmente”
En otro mensaje, María Janeth Mantilla Landazábal, docente de la Escuela Normal Superior de Bucaramanga, envió su ‘Credenda’, que transcribo textualmente:
“Escribir es como respirar”, afirma Eduardo Galeano. Respirar con la palabra es oxigenar el alma.

Creo en el diálogo concertado, en los espacios de mediación y en los mediadores, en las alternativas para el encuentro desde la diferencia de pensamiento, de identidades y de lecturas del contexto. Creo que nadie es dueño de territorios de diálogo; por eso, todos somos visibles en él.

Creo que la palabra es de todos y para todos. Creo que con acuerdos y sin ellos podemos escuchar; podemos disentir sin herir. Discutir no es desafiar. No es necesario dividir para argumentar porque nadie es dueño de la voz del otro.

Creo en las palabras sanadoras de la gratitud, en las que estimulan, recrean, reconocen, liberan y argumentan. Lo único que hay que aborrecer son los actos de irrespeto, de intolerancia, porque no puede justificarse la degradación del otro bajo ningún propósito ni pretexto.

Concluirá la próxima semana.

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