Publicado por: Ramiro Serrano
Una noticia que impresionó al mundo fue la renuncia del Papa Benedicto XVI a partir del próximo 28 de febrero. Esta dignidad de la iglesia católica llegó a ejercer el cargo cuando tenía 78 años, convirtiéndose en uno de los Papas más viejos elegido en los últimos 300 años. Esta decisión es tomada hoy cuando tiene 85 años. Pero fuera de lo inusual que resulte la renuncia de un Papa para todos nosotros, lo importante es el mensaje que deja esta toma de decisión por una dignidad de tanto respeto y poder en el mundo.
Con su renuncia se está alejando de un poder que cualquiera desearía tener; con ella está aceptando que como ser humano tiene ciertas limitaciones que genera el tiempo y por eso es necesario dar un paso al lado; con su retiro está reconociendo que hay nuevas generaciones que pueden dar un mayor aporte a una institución tan grande como es el catolicismo; con su actitud no solo está generando un respeto por toda una comunidad que lo admira, sino evitando que ella misma sea la que termine desechándolo por su incapacidad de ejercer su cargo.
Este gesto de humildad y sensatez debería ser ejemplo para todos nosotros. Hoy vemos cómo nuestros gobernantes quieren eternizarse en el poder, creando fórmulas para ser reelegidos en forma permanente.
Observamos cómo nuestros honorables Senadores y Representantes a la Cámara siempre son los mismos, desconociendo a sus bases y quitándole las oportunidades a una generación que no denota su liderazgo. Notamos cómo las Juntas Directivas y los Consejos de Administración son dirigidos por las mismas personas, no dando oportunidad de oxigenarlos con nuevas generaciones.
Todos somos conscientes que es importante no perder vigencia, pero también es más sabio saberse retirar voluntariamente a tiempo, antes que socialmente seamos rechazados por una comunidad que va a desconocer nuestras capacidades y nuestra historia.











