Publicado por: Rodolfo Hernández
Hace unos días, en Facebook, pude leer la ingeniosa observación de un ciudadano anónimo: ¿“Si atraco a un político, es un robo o un reembolso”? Qué brillante síntesis de lo que los colombianos pensamos de nuestra clase política.
Las reflexiones que nos hacen reír son las que más nos hacen pensar. Me reí mucho al leer esto. Pero me quedé pensando, como usted seguramente ahora, en lo difícil, por no decir imposible, que es lograr que un político devuelva lo que nos ha quitado a través de la corrupción, a través de la “mermelada”, a través de las promesas incumplidas y a través de las obras con sobrecostos.
Imposible pedir este “reembolso”. No se darían por aludidos, mirarían para otro lado, se harían los locos. La otra opción que nos queda sería… atracarlos. Atracarlos, desde el punto de vista jurídico, nos pondría al margen de la ley, nos igualaría con ellos, aun cuando desde el punto de vista ético sería absolutamente legítimo.
Ahora bien, ¿cómo podríamos ponerles la mano en su bolsillo, como ellos las ponen en los nuestros, sin que técnicamente pueda ser considerado un atraco, sino un reembolso? Se me ocurre una idea: ¿por qué no presentar un pliego de peticiones con el monto de dinero que cada ciudadano de Bucaramanga crea que le han quitado?
Si todos y cada uno de los ciudadanos nos ponemos en la tarea de sumar la plata que nos han robado en obras mal realizadas, impuestos de valorización no justificados, sobrecostos presupuestales que duplican el valor originalmente aprobado…, podríamos poner en marcha un movimiento cívico de reembolso del dinero que luego, como es justo, sería aplicado a las tareas sociales de la gente más necesitada y que requieren urgente e inmediata atención.
Los convoco para que hagamos esta sumita. Que cada uno envíe lo que piensa respecto al dinero que se nos debe devolver y la envíe a contacto@lógicaéticayestetica.com
Ya que no queremos, ni podemos atracarlos, pidamos el reembolso de lo que es nuestro.















