Ya sea cuando se llega por vía terrestre, donde se puede identificar al centímetro la frontera de Santander al comparar las pésimas carreteras locales con las de Antioquia, Cundinamarca, el Valle o el eje cafetero; o que se arribe por avión, cuando apenas se pisa el aeropuerto Palonegro, la sensación de atraso, subdesarrollo y hasta de suciedad impacta a todos los viajeros
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
El contraste se nota en el instante mismo en que se ingresa a territorio santandereano. El impacto lo han sentido miles de coterráneos que primero con asombro y después con tristeza, experimentan en carne propia el atraso tan marcado que en materia de infraestructura tiene este departamento frente a los principales focos de desarrollo del país.
Ya sea cuando se llega por vía terrestre, donde se puede identificar al centímetro la frontera de Santander al comparar las pésimas carreteras locales con las de Antioquia, Cundinamarca, el Valle o el eje cafetero; o que se arribe por avión, cuando apenas se pisa el aeropuerto Palonegro la sensación de atraso, subdesarrollo y hasta de suciedad impacta a todos los viajeros, este departamento se rezaga cada día más frente a los núcleos económicos que se destacan en Colombia por su progreso.
Puesto en otras palabras, Santander y su capital, Bucaramanga, se desplazan cada vez más con cada día que pasa hacia la periferia del país. Un país de por sí pobre, en el cual ser parte además de su jurisdicción más abandonada, significa una condena perpetua al subdesarrollo y la penuria.
La situación, no obstante, también salta a la vista por su iniquidad.
Es que si bien Bucaramanga y el área metropolitana al igual que el resto de la región se han venido destacando cada vez más en el ámbito nacional con sus cifras macroeconómicas, simultáneamente permanecen en el olvido en lo que se refiere a los grandes proyectos de inversión por parte del Estado.
La pregunta que deben hacerse entonces la dirigencia política y el sector privado de este departamento, es ¿vamos a ser parte de los núcleos de una nación pujante y en busca de desarrollo como Bogotá, Medellín, Cali y el eje cafetero? O por el contrario, ¿nos resignaremos a quedar en el listado de las zonas olvidadas del concierto nacional?
Si la respuesta, que con toda seguridad es que Santander debe ser parte de ese país que progresa en lo económico y social, la hora de actuar es ya.
De hecho, se ha debido proceder hace mucho tiempo, años y hasta décadas sin exagerar, en los cuales los líderes de esta región y particularmente sus congresistas, se preocuparon más por sus beneficios y prebendas personales que por gestionar esas inversiones que tanto se necesitan.
Por esa razón es que ya es hora de que se dejen atrás los intereses particulares y las envidias crónicas, para presentarle un frente común al Gobierno Nacional que incluya hasta a Norte de Santander, para que esta gran región del país reciba el tratamiento que se merece.
Precisamente esta semana, se informó sobre una gran partida presupuestal del Gobierno para las vías santandereanas. No obstante, la historia de esta región es rica en anuncios de esa naturaleza pero pobre en obras reales, por lo cual sólo queda esperar que en esta ocasión, las promesas se traduzcan al menos en carreteras.










