La informalidad plantea a las autoridades municipales un amplio conjunto de problemas que deben ser tratados en forma inmediata, sin dilación, para que la convivencia ciudadana no salte en astillas y no se siga deteriorando la calidad de vida de los bumangueses.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Un informe difundido por Vanguardia Liberal en días pasados, basado en datos proporcionados por entidades estatales de respeto y credibilidad, resalta que Bucaramanga y los municipios que conforman su Área Metropolitana tienen una informalidad que rebasa el 40% de su mano de obra productiva. Esto es un hecho social imposible de ignorar, de disminuir en su dimensión y lo que pone de presente es la necesidad de desarrollar, en forma inteligente y pragmática, planes y políticas para darle solución a algo tan determinante en la vida citadina actual.
La informalidad plantea a las autoridades municipales un amplio conjunto de problemas que deben ser tratados en forma inmediata, sin dilación, para que la convivencia ciudadana no salte en astillas y no se siga deteriorando la calidad de vida de los bumangueses.
En la informalidad, saben los estudiosos, es muy difícil que quienes llegan a ella sean prontamente reabsorbidos por los canales formales de la economía.
Así, el municipio se enfrenta a un problema de amplio espectro y tiene la obligación y el compromiso de encontrar remedios que sin estigmatizar a los sectores informales de la economía, protejan la calidad de vida de la ciudad, impidan que se siga vejando y deteriorando el espacio público, se pongan talanqueras a la agresividad y el egoísmo social, es decir, que se encuentre la senda para que la ciudad siga siendo amable y en ella quepan todos.
Las autoridades municipales deben, con inteligencia y tino, lograr que tanto los sectores informales como los formales, acepten cumplir reglas básicas de comportamiento social y convivencia y se entienda que todos los ciudadanos deben respetar lo público.
El problema radica en que las autoridades municipales llevan muchos años siendo laxas, dejando crecer el problema, ese que está al borde de salirse de los cauces normales y mutar en confrontación social.
Hay que encontrar la forma de darle espacio económico a los informales y que éstos acepten que lo público no es apropiable, que el trabajar tiene parámetros y reglas que deben ser respetados y cumplidos.
Bucaramanga no resiste ignorar, ni evitar más el problema, pues en la ciudad se están desmoronando valores fundamentales, los espacios públicos devinieron en tierra de nadie mientras sus habitantes buscan egoístamente resolver sus problemas económicos individuales y casi sin fuerza se habla de la recuperación de lo público. Ese es el desafío de la actual administración municipal.










