Publicado por: Editorial
Casi la mitad de los encuestados por el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos (43,5%) declararon su total desinterés en relación con la educación escolar y adujeron esto como razón para no buscar su ingreso al sistema, lo que se puede interpretar como un desconocimiento absoluto del valor formativo.
El dato es más que alarmante si recordamos que esta ciudad fue, no hace muchos años, primera en cobertura y calidad de educación pública primaria y secundaria en todo el país. Ese liderazgo se perdió, y lo que hoy tenemos son dos síntomas totalmente perjudiciales, una deserción constante y, lo que es peor, una ciudadanía que ha dejado de creer en la escuela, que ha borrado de la conciencia colectiva la importancia de formarse.
Por otra parte, tenemos claro que una comunidad que no se fortalece desde la base escolar y académica, va a sufrir atraso económico, violencia endémica, intolerancia que corroe el tejido social y violación sistemática de derechos humanos, como el trabajo infantil que tiene en el desgano escolar un cómplice perfecto. El sector educativo en toda su extensión, desde los maestros hasta los directivos docentes, pasando por las universidades que forman pedagogos, debe entender que no basta con que la educación sea gratuita o que haya cobertura nominal, si el 43,5% de la población no ve sentido en intentar siquiera acceder al sistema.
Esta situación demanda una intervención inmediata y completa, por lo que las autoridades municipales no pueden seguir actuando como si el problema se resolviera sólo con más aulas o más computadores. La falta de interés es un problema complejo y profundo que requiere de múltiples abordajes, como diseñar campañas de sensibilización, programas de motivación y estrategias que vinculen el estudio con el mejoramiento real de las condiciones de vida.
La comunidad misma tiene aquí una responsabilidad ineludible, porque decir que la educación no interesa, es reconocer que se ha roto el pacto generacional que siempre vio en el conocimiento el principal motor del progreso.
No olvidemos que la brecha entre la educación pública y la privada se ha ensanchado de manera notable. Mientras los colegios privados cosechan mejores puntajes en las pruebas Saber 11, mayor dominio del inglés y más acceso tecnológico, el sector público ve cómo su rendimiento disminuye año tras año, lo que ocasiona una desigualdad que es el reflejo de una falta de políticas efectivas.
Por otra parte, el 47,2% de los encuestados declaró haber enfrentado barreras para estudiar, como falta de dinero para materiales, ausencia de cupos, inseguridad en los entornos, horarios inflexibles, discriminación, pero lo que hace tan dramática la situación es que, incluso si se eliminan todas esas barreras, un 43,5% de la población no movería un dedo por ingresar al colegio.
Todo apunta a la necesidad de que el sector educativo, sumado a directivos, maestros, padres, estudiantes, medios de comunicación y comunidad asuman la recuperación del interés por aprender como una prioridad, si queremos salvar del atraso a una generación entera. Bucaramanga puede volver a ser ejemplo nacional en este sector, pero ahora en la recuperación de la conciencia educativa.











