El 22% de los jóvenes encuestados ha considerado que el ‘quitarse la vida’ sería una solución para sus problemas. La Personería Municipal encendió las alarmas.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Es tan preocupante el tema del bullying en las aulas de los colegios de Bucaramanga que 235 estudiantes confesaron que han considerado, durante los últimos meses, en suicidarse como una solución a sus problemas.
La reveladora afirmación se desprendió de la más reciente encuesta sobre ‘Familia y Matoneo’, que les aplicó la Personería Local a 1.050 alumnos de planteles públicos y privados de la capital santandereana.
La investigación estuvo a cargo de Ruby Alejandra Álvarez Barrientos, economista y abogada, quien se desempeña en la actualidad como profesional de apoyo de Información de Estadística de la Personería Local.
Para aplicar el sondeo, la profesional entrevistó a alumnos de los grados que van de cuarto a undécimo, en edades que oscilan entre los 8 y los 18 años.
El propio personero de Bucaramanga, Augusto Rueda González señaló que la estadística resulta “aterradora” y tiene que ser atendida, tanto por las autoridades como por los familiares y docentes de los alumnos, sobre todo sabiendo los preocupantes antecedentes que ha dejado el matoneo en la región y en Colombia.
No en vano la Liga Colombiana Contra el Suicidio reveló que entre enero y octubre de ese año, 84 jóvenes se habían suicidado y que, en muchos de estos casos, en determinado momento mediaba el matoneo.
La intimidación escolar, según revelaron los encuestados, que consiste en la conducta negativa, intencional y sistemática de agresión, intimidación, humillación, ridiculización o difamación, ha estado presente durante el último años en las diferentes aulas de sus planteles.
Los jóvenes denunciaron haber sido víctimas o ser testigos de casos de coacción, aislamiento deliberado, amenaza o incitación a la violencia o cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico o por medios electrónicos contra ellos o contra sus compañeros de estudio.
De acuerdo con Rueda González, “hace mucho que el tema dejó de ser un asunto de niños para convertirse en un problema mayor. Y nos corresponde a los jefes de hogar, a los educadores y a las autoridades ponerles freno, para evitar que las tragedias reaparezcan”.
Según dijo, esta vulneración de derechos ha empezado a tener mayor relevancia durante los últimos años debido a que algunas víctimas han decidido contar sus desgarradoras historias.
Es tal la preocupación, que el matoneo generó que el Gobierno sancionara en el mes de marzo la Ley 1620, la cual pretende, entre otras cosas, atender preventivamente situaciones de violencia escolar como el bullying.
El problema se creció
Las denuncias sobre el matoneo en Bucaramanga no son del todo nuevas. El año pasado, de los 191 niños perjudicados por el bullying, 22 tuvieron que ser reubicados en otras instituciones académicas, 140 más fueron atendidos por las vías disciplinarias y otros 29 ‘desertaron’ de la formación académica.
Las consecuencias de la intimidación escolar, así no parezca tan grave a simple vista, pueden ser nefastas. Si estas situaciones no se detienen a tiempo, los menores que las padecen pueden empezar a sentir depresión y baja autoestima.
De manera adicional, según expresó el personero Augusto Rueda González, “los jóvenes que no han sido víctimas del matoneo, en algún momento de su año lectivo pueden ser presas fáciles, no solo de sus compañeros sino también de los docentes y de sus propios familiares”.
De acuerdo con la investigación, el bullying afecta el desarrollo académico, marca a los estudiantes de por vida, carcome sus personalidades y se convierte en un ciclo de violencia repetitivo, dentro y fuera del aula.
















