Marruecos hizo historia en el Mundial 2026: alineó ante Brasil a once jugadores nacidos fuera de su territorio, un hecho inédito en la Copa del Mundo.

Publicado por: Danilo Cárdenas
Los Leones del Atlas escribieron una página inédita en las 23 ediciones de la Copa del Mundo. Durante su debut ante Brasil, en Nueva York, Marruecos se convirtió en la primera selección en la historia de las Copas del Mundo que para un partido alineó en el campo a once elementos nacidos en el extranjero.
El once que protagonizó la marca lo integraron Yassine Bono (Montreal), Noussair Mazraoui (Leiderdorp), Issa Diop (Toulouse), Chadi Riad (Palma), Achraf Hakimi (Madrid), Neil El Aynaoui (Nancy), Ayyoub Bouaddi (Senlis), Chemsdine Talbi (Sambreville), Bilal El Khannouss (Molenbeek), Samir El Mourabet (Estrasburgo) e Ismael Saibari (Terrassa). En total, un equipo nacido entre Canadá, Países Bajos, Francia, España y Bélgica.
El momento no se dio desde el arranque, sino conforme el entrenador Mohamed Ouahbi, él mismo nacido en Bélgica, modificó su alineación. El momento tuvo lugar cuando Samir El Mourabet ingresó en lugar de Azzedine Ounahi a los 20 minutos del segundo tiempo, una variante que significó la salida del único futbolista nacido dentro de las fronteras del país africano que quedaba en cancha. Lea: Baja asistencia en Guadalajara enciende críticas por el alto costo de boletos del Mundial

A partir de allí, y hasta el ingreso de Soufiane Rahimi sobre el cierre, Marruecos disputó cerca de 24 minutos con un equipo compuesto íntegramente por jugadores marroquíes naturalizados y no por nacimiento. Un cuarto de hora largo destinado a los libros de historia del torneo.
El fenómeno: el poder de la diáspora marroquí
La marca no es una casualidad estadística, sino el reflejo de un fenómeno demográfico de alcance global. Según estimaciones, 3,1 millones de personas nacidas en Marruecos viven en el extranjero, el 80% de ellas en Europa. Esa migración, asentada durante décadas en países como Francia, España, Bélgica y Países Bajos, terminó por convertir al Viejo Continente en una auténtica cantera de la selección africana.
El matiz es clave: estos futbolistas son marroquíes por cultura, raíces e identidad, aunque nacieron y se formaron lejos del país. Gran parte de sus figuras crecieron en Europa, se formaron en academias europeas y nacieron en países como Francia, España, Bélgica, Países Bajos o incluso Canadá. Sin embargo, todos eligieron representar la tierra de sus padres o abuelos. El caso más emblemático es el del capitán Achraf Hakimi, nacido en Madrid, que incluso vistió las inferiores de España antes de optar por Marruecos.

Ese vínculo con el origen familiar explica buena parte del salto competitivo del equipo. Para este Mundial, Marruecos convocó a 19 futbolistas nacidos fuera de su territorio nacional de los 26 de la lista, con Francia y España como los países que más aportaron. Es, en definitiva, una selección que transformó su diáspora en una ventaja deportiva, y que probablemente no sea la única del torneo: Curazao, República Democrática del Congo, Túnez o Argelia podrían repetir registros similares.
El partido: empate ante Brasil en el debut
Más allá del hecho histórico, el resultado dejó sensaciones positivas para los africanos. El partido entre los rivales del Grupo C acabó empatado a uno con goles de Ismael Saibari y de Vinicius, en un duelo de alto voltaje disputado en Nueva York. Llamativamente, fue justamente Saibari, uno de los once nacidos en el extranjero, en Terrassa, quien anotó el tanto marroquí.

El empate frente a una de las candidatas al título confirma el crecimiento de los Leones del Atlas, que llegan a esta cita como una de las potencias de África tras haber sido la primera nación del continente en clasificar al Mundial 2026. El reparto de puntos los mantiene en competencia dentro de un Grupo C parejo, mientras Marruecos sigue demostrando que su modelo, sostenido en la identidad y el talento de su diáspora, lo posiciona como uno de los casos más representativos del nuevo mapa del fútbol internacional.













