Los bumangueses lideramos la penosa lista del mayor número de casos de riñas personales en todo el país. Es más, el año pasado superamos en 351% el promedio nacional del número de casos de lesiones personales.
Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA / eardila@vanguardia.com
Mientras en Colombia, durante 2009 se registraron 76,5 lesiones personales por cada 100 mil habitantes; en la capital santandereana en el mismo tiempo ocurrieron 267,7 casos.
Tales promedios de riñas locales también superaron los de los municipios vecinos del área metropolitana. Veamos algunos indicadores: en Piedecuesta la tasa fue de 173,7; en Girón fue de 154,6 y en Floridablanca llegó a 135,7.
Lo peor es que los reportes de riñas personales, en lo que va de 2010, tampoco son halagüeños. Entre el 1 de enero y el 10 de junio se han denunciado 2.144 peleas.
En ese sentido, las comunas en donde se han registrado más casos son: la Norte, con 289; la Nororiental, 278; el Centro, 275; y La Pedregosa, 200.
Las estadísticas aquí referenciadas fueron extraídas del Departamento de Policía Metropolitana de Bucaramanga y, a la vez, analizadas por el programa Cómo Vamos, el cual es respaldado por la UIS, la Unab, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, las Fundaciones Corona y Participar y, por supuesto, Vanguardia Liberal.
'Somos demasiado excluyentes'
Los indicadores de percepción ciudadana revelados por la muestra practicada en la capital santandereana y en todo el país, la cual midió el grado de aceptación que sienten los bumangueses y el resto de colombianos hacia los demás, también nos dejó mal parados.
Al siguiente cuestionamiento: ¿aceptaría en sus vecindarios a desplazados por la violencia, damnificados, reinsertados, grupos de resocialización, asociaciones religiosas, discapacitados, familias de invasión, gente pobre y pacientes terminales?, la mayoría de los encuestados dio un rotundo No.
Lo propio opinaron los bumangueses ante la eventualidad de tener como vecinos a un drogadicto, alcohólicos o parejas homosexuales. Casi todos los encuestados manifestaron el rechazo a vivir cerca de este tipo de personas. (Ver tabla).
El sondeo, que fue incluido en la Cartilla para el Fomento de la Cultura Ciudadana, Visión Colombia II, Centenario 2019, elaborado y patrocinado por el Departamento Nacional de Planeación, la Fundación Terpel y el Fondo de Prevención Vial, dio cuenta de la percepción de discriminación y exclusión que tiene el bumangués frente a la gente que refleja una opinión distinta a su forma de pensar.
Los altos índices de intolerancia en los ciudadanos de Bucaramanga, según los indicadores presentados por el mismo documento, muestran que este es el elemento que no les permite a los bumangueses mantener una relativa convivencia pacífica.
Estas cifras, concluyeron los investigadores del informe del Cómo Vamos, 'son impactantes, dado que superan de manera comparativa lo observado en otras ciudades del país como Bogotá, Cali, Barranquilla y Medellín, en donde la intolerancia ciudadana, en promedio, no pasó del 45%'.
LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
Tal vez las manifestaciones más degradantes de la intolerancia y de la agresividad de algunos bumangueses, se reflejaron en el alto número de casos de violencia intrafamiliar.
En Medicina Legal se atendieron durante el año pasado, 1 mil 248 denuncias de ataques entre familiares, en toda el Área Metropolitana. De estos, 60% ocurrió en Bucaramanga.
VOZ DEL EXPERTO
¿Por qué se presentan estas cifras?
'El baluarte de la tolerancia, ese que debe ser lo más importante para la convivencia de cualquier comunidad, no es el rasgo que más identifica a los bumangueses'.
Con estos términos explicó el sociólogo, Samuel Gómez, las frías estadísticas locales de intolerancia y de exclusión, consignadas por la Policía Metropolitana y por el programa Cómo Vamos.
A su juicio, 'a ciertos bumangueses les resulta muy difícil entender que la persona que está al frente de ellos tiene los mismos derechos que todos y que, si por algún motivo ella piensa distinto, no tiene por qué ser enemiga de ellos'.
¿A qué se debe eso?
Según él, 'más allá de la idiosincrasia, que de por sí señala al bumangués como una persona agresiva, se suman los altos niveles de estrés que se manejan en la ciudad por situaciones específicas como la congestión del tráfico o el calor, por citar sólo dos ejemplos'.
'De igual forma, la ansiedad, los problemas económicos y la falta de una consciencia de educación cívica, hacen que muchos bumangueses se vean como personas intolerantes y agresivas', añadió.
Por esas razones, explicó el experto, se presentan con frecuencia en la comunidad elevados estados de irritabilidad, los cuales son enfocados hacia otras personas.
Sin embargo, dijo que también puede tratarse simplemente de ciudadanos con una personalidad explosiva, la cual se ve incrementada por factores circunstanciales.
'Yo pienso que se debe aclarar que el hecho de generalizar al bumangués como intolerante no sería del todo justo: 'es claro, eso sí, que algunas personas son más impulsivas que otras. Todo radica en su particular temperamento'.
'Hay quienes pasan menos por la lógica y reaccionan de manera emocional y emotiva; es decir, actúan más con los afectos que con la razón'.
'En la forma de ser de cada persona, también influyen otros factores externos que hacen que alguien agreda cuando actúa bajo el impulso de la ira'.
No obstante, recalcó que muchas veces se aprende a ser agresivo y se actúa como tal, pues 'quien vive en medio de la grosería y de la falta de educación, también aprende a actuar con violencia porque cree que así se resuelven los problemas'.
Gómez fue enfático al señalar que, 'los medios hostiles y el no tener satisfechas las necesidades básicas, también son condiciones que inciden en el comportamiento intolerante y agresivo de ciertas personas, sean bumanguesas o no'.
Casos que ocurrieron durante estos días
Sucedió hace apenas unos días en el Café Madrid, uno de los barrios de la capital santandereana en donde mayor grado de intolerancia se registra. Allí un hombre de 27 años, quien trabajaba como ayudante en obras de construcción, perdió la vida tras una pelea callejera.
Sus familiares, quienes llegaron al Instituto de Medicina Legal a reclamar el cuerpo sin vida, comentaron que al parecer el hombre fue asesinado por una simple diferencia con otra persona en torno a un juego de cartas.
Una herida con arma blanca, que le atravesó el pulmón derecho, le quitó la vida a este hombre, quien vivía en el barrio La Alegría, junto a sus hermanos.
Otro hecho violento ocurrió en el barrio Coaviconsa, contiguo a Provenza, al sur de nuestro Municipio. Allí fue asesinado un hombre, de 47 años. La víctima, quien se encontraba departiendo con un grupo de amigos, fue abordada por un hombre que lo atacó con un arma blanca e hirió en la clavícula del brazo izquierdo. Los motivos, en el papel, obedecieron a asuntos personales.
Le lanzaron ácido
Por otro lado, una venganza fue la causa de un brutal ataque del que fue víctima un bumangués, de 57 años, a quien le desfiguraron la cara tras lanzarle ácido sulfúrico.
La víctima se encuentra internada desde hace varios días en el pabellón de quemados del Hospital Universitario de Santander, HUS, con serias lesiones en la cara, el cuello y parte del pecho.
El hombre atacado estaba parqueando su vehículo en la carrera 23 con calle 15, de San Francisco, barrio adscrito a la Comuna Tres. Las primeras informaciones dieron cuenta de que los agresores se movilizaban en una motocicleta: 'al momento del ataque, uno de los sujetos interceptó a la víctima, a la que después de llamar por su nombre le arrojó el ácido en el rostro', reveló el informe policial.














