En la Cárcel de Mujeres de Bucaramanga 12 niños tienen por casa una celda. Allí vivirán hasta que cumplan tres años. Luego, abandonarán el sitio de reclusión y serán enviados con familiares de la madre o el padre. Si no se consigue un acudiente óptimo, el Icbf entregará al menor de edad en adopción. Esta es la historia de los niños que también están presos.

Publicado por: SULLY CATHERINE SANTOS H.
Por los pasillos de la Cárcel de Mujeres de Bucaramanga, se escuchan los gritos y los pasos apresurados de los niños que viven en la reclusión con sus mamás, mujeres sindicadas y condenadas que por virtud de la Ley 65 de 1993, pueden vivir en las cárceles con uno de sus hijos hasta que cumplen los tres años.
Según la oficina de Trabajo Social de la Cárcel de Mujeres de Bucaramanga, 12 niños viven con sus mamás indiciadas o condenadas por delitos como hurto, tráfico de hidrocarburos, concierto para delinquir o tráfico de estupefacientes. La mayoría tiene condenas entre 2 y 6 años. Cuando los niños dejen la cárcel, algunas de ellas podrán acompañarlos, tiempo después de haber cumplido su condena, o lograrán salir pronto bajo libertad condicional con trabajo y buen comportamiento.
Pero María* vive un caso distinto. Ella debe pagar una pena de 18 años por el delito de secuestro extorsivo agravado, lo que la convierte en la mamá con un hijo en la Cárcel de Mujeres de Bucaramanga con la condena más alta.
A sus 27 años, María* se despierta, de lunes a viernes, a las seis de la mañana con el afán de bañar y vestir a Nicolás*, su hijo de un año y cinco meses, que llega una hora después al jardín Mis Huellitas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en el primer piso de la cárcel.
Juliana Abril Quiñonez, agente educativo del hogar infantil del Icbf, recibe a los hijos de las reclusas para iniciar el plan de desarrollo sicomotriz y de lenguaje en un espacio reducido, el cual es apto, según ella, para trabajar con máximo ocho niños.
Como parte del programa sicológico que se emplea en las cárceles, el Icbf pide a la mamás que su hijos tengan un acudiente que pueda sacarlos una vez al mes, con la posibilidad de permanecer con ellos hasta ocho días, lo que favorecerá el reconocimiento del mundo exterior. Si los niños no tienen acudiente, Juliana se encarga de sacarlos: “Bajo mi responsabilidad, me lo dejó claro el Bienestar. Lo hago porque en alguna ocasión saque a un niño que nunca había estado afuera y cuando escuchó el ruido de un carro fue un gran impacto para él”, afirma.
Condenadas que viven de la caridad
El Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, Inpec, destinó, para el 2012, $31.930.000 que debieron ser distribuidos en los 140 niños que viven con sus mamás en la cárcel. Es decir, invierte $633 diarios por niño para la compra de pañales, leche, elementos de aseo y material didáctico. Sin embargo, las mamás no alcanzan a solventar los gastos básicos de sus hijos con este presupuesto, ni con el que obtienen de las labores en la cárcel.
*María, una vez deja en el jardín a su ‘gordo’ se dirige a su trabajo en el taller textil, en el que pone etiquetas a unos bultos, labor por la que recibe $50.000 cada mes. Con este dinero que no recibe en efectivo, sino mediante una tarjeta, compra en la cárcel comida para su hijo: Yogures, galletas y gelatina. Alimento adicional al desayuno, almuerzo y comida que reciben los niños por parte del Icbf.
María* señala que Nicolás gasta cuatro pañales diarios, lo que suma $120.000 al mes; más los elementos de aseo, ropa y juguetes, gastos secundarios, que suman $70.000. “Si no fuera por mi esposo que me manda un mercado al mes y personas que me ayudan no podría sola”, señala María*.
Apartadas de la familia y con más hijos
Juliana se turna para alzar a los tres bebés de las mamás condenadas que acaban de llegar de su licencia de lactancia, beneficio que por ley les permite a las reclusas salir de la cárcel cuando tienen siete meses de embarazo y regresar con su hijo seis meses después del nacimiento.
Aunque se dictan charlas sobre planificación familiar y se les entrega a las madres un preservativo en la visita conyugal, algunas no asumen la responsabilidad de lo que es traer hijos al mundo. “Tengo el caso de una mamita que salió con el beneficio de lactancia y cuando regresó con su bebé, tuvo que devolverlo a la casa, porque llegó embarazada”, manifiesta Juliana.
Según la oficina de Trabajo Social de la Cárcel de Mujeres, el 100% de las mamás con niños en la reclusión tiene más hijos que permanecen con familiares en sitios apartados de Santander como Yondó, Saravena, y Pasto. Por eso, algunas condenadas con hijo en la cárcel no pueden disfrutar de la compañía de sus otros seres queridos en las visitas semanales.
María* no ve a su hija de nueve años desde enero de 2010, cuando fue trasladada de la cárcel de Arauca a Bucaramanga junto con su esposo, que está en la cárcel de Palogordo, en Girón, condenado a 37 años por secuestro extorsivo agravado.
Niños encerrados en celdas
A las cuatro de la tarde finalizan las labores en los talleres y se cierran las puertas de Mis Huellitas. Los niños son entregados a sus mamás, reciben su comida y son trasladados a la cancha, según el turno asignado a las reclusas que se dividen en los patios A, B y C. Las mamás con hijos en la cárcel salen a este espacio con las condenadas de Justicia y Paz, las funcionarias y extranjeras.
Las celdas de las 12 condenadas con niños tienen una cama de cemento en la que ubican una colchoneta para dormir. María* menciona que decoró el espacio con juguetes para que a partir de las cuatro y treinta de la tarde, cuando es encerrada con su hijo, puedan ocupar el tiempo libre. Ella juega a las escondidas con Nicolás*, que se oculta detrás de la cortina que cuelga de una ventana diminuta hasta que logra quedarse dormido.
Sobre la utilización de juguetes para ingresar droga a la cárcel, María* afirma que, aunque nunca lo ha hecho, algunas de sus compañeras reclusas con hijos y otras que están en patios diferentes le han ofrecido que lo haga a cambio de dinero.
Protección para los niños
Según el Inpec, en los ocho pabellones de mujeres del país las mamás permanecen solo con su hijo en una celda. “Así se previenen los abusos, tema real en la cárcel. Si la mamá consume o vende droga puede perder a su hijo”, explica Juliana.
Si un menor de edad se enferma o necesita atención especializada, el Inpec y el Icbf tienen la responsabilidad de hacer el traslado a un hospital e informar a un acudiente del niño sobre lo sucedido. Por ningún motivo la mamá puede salir a acompañarlo.
También se realiza el proceso de registro civil de los niños, que en el 90% de los casos queda con los apellidos de la mamá, ya sea porque las condenadas son cabeza de hogar o porque el padre también está en la cárcel.
Las embarazadas duermen hacinadas
Las mamás condenadas antes de ser trasladas al patio B pasan su periodo de embarazo en los patios A y C con las demás reclusas en un entorno de hacinamiento. La Cárcel de Mujeres de Bucaramanga tiene cupo para 224 internas y hay 472.
Estos patios tienen varios tramos conformados por ocho camas a la derecha y ocho a la izquierda. Por cada tramo debería haber solo 16 reclusas, pero se pueden encontrar hasta 32, lo que las obliga a dormir en el suelo y cerca de los baños, independiente de si están o no embarazadas.
María* llegó a Bucaramanga con seis meses de embarazo a dormir en el suelo en el patio A, rodeada de internas que consumían drogas: “El frío se me metía por todos lados. En ese estado se sufre mucho”, confiesa.
Acudiente u adopción
El Icbf debe encontrar un acudiente que se hará responsable de la crianza del niño. De lo contrario, será entregado en adopción. Si nadie los apadrina permanecen en el Bienestar hasta cumplir los 18 años, explica Juliana.
Vanguardia Liberal solicitó información sobre el número de niños que en Colombia luego de dejar la reclusión han logrado vivir con un acudiente, de los que han sido dados en adopción y de los que han permanecido en el Bienestar. Esta fue la respuesta:
“Respecto de los niños que van en adopción, esa es una información que debe tener reserva. La generalidad es que todos los niños cuentan con alguna red de apoyo familiar, la cual se responsabiliza de ellos”, afirmó María del Carmen Bernal Latorre, profesional de Primera Infancia de la Dirección Nacional del Icbf.
Nicolás* tiene la mitad del tiempo cumplido para dejar la reclusión. Los abrazos, caricias y besos diarios de María* terminarán en el 2014, cuando tenga que dejar el penal. Por eso, María* planea pedir traslado a una cárcel más cercana a la región donde está su familia, que se hará cargo de su hijo y podría visitarla cada ocho días.
María* intenta evitar el llanto: “Será muy duro cuando se lleven a mi gordo, pero me tengo que resignar. Por ahora yo sí creo y prefiero que él esté conmigo acá, porque le he enseñado cosas: lo baño, visto, le doy besos. Él es mi fuerza y mi motivo para seguir viviendo y cumplir una pena que sé, no será de 18 años”.
Cárcel de mujeres con niños
Antioquia: Quince niños en celdas.
Bogotá: Cuarenta y cinco niños en celdas.
Cauca: Quince niños en celdas.
Norte de Santander: Cinco niños en celdas.
Risaralda: Quince niños en celdas.
Santander: Quince niños en celdas.
Valle del Cauca: Treinta niños en celdas.
Total: Ciento cuarenta niños en la reclusión.
Fuente: Instituto Colombiano de Bienestar Familiar,Icbf. Datos 2012.
La importancia del vínculo materno
El siquiatra infantil Mauricio Escobar Sánchez explica que el niño que no haya tenido un “buen vínculo con su madre los primeros cinco años de vida estará condenado el resto de su vida”. De esa unión dependerá el comportamiento que desarrolle como hermano, hijo, padre, trabajador y pareja. Científicamente, agrega el experto, está comprobado que a esa edad el niño estructura más los recuerdos y el aprendizaje.
Sobre que un niño viva sus primeros años de vida en la cárcel, el siquiatra señala que si el ambiente es insano, sí puede afectar al menor de edad, pero si la unión con su mamá y demás personas es idónea, el sitio no es relevante.
“No importa si la madre estuvo en la cárcel, lo importante es no perder la buena unión con la madre. El lugar no hace el vínculo, es algo que se da de manera natural entre la madre y el hijo”. Al igual, considera que si el niño sale de la cárcel a los tres años, la familia debe explicarle la realidad sobre su mamá y permitir que la visite en la cárcel.
María* y Nicolás* nombres cambiados por petición de la entrevistada.














