Edbertho Leal Quirós visitó su pueblo natal y estuvo en Bucaramanga contado sus proyectos. Tras la experiencia ganada en la NASA y en universidades de los Estados Unidos, este científico santandereano busca crear un observatorio astronómico y metereológico en Macaravita e implementar una planta de tratamiento de agua. Así fue parte de su recorrido por la región.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
Mueve las manos, se toca la frente, hace gestos, habla en voz alta, camina de un lado a otro. Intenta acomodarse en la silla en la que habla, pero sus movimientos lo desplazan buscando la mejor postura para decir lo que piensa, contar sus ideas y expresar el amor que siente por su tierra –Macaravita–, lo enojado que está con la falta de organización del Aeropuerto Internacional Palonegro y lo feliz que lo haría poder darle a Bucaramanga una planta de tratamiento de aguas residuales y mejorar su medioambiente.
Lleva 40 años lejos de Santander, lejos de las montañas y los cerros en los que desde niño analizaba el curso de las estrellas, la oposición de los planetas y, en especial, desde donde miraba las montañas del Cocuy cubiertas por la nieve.
Son décadas lejos de su natal Macaravita, estudiando el Sol y a Marte, trabajando en la Nasa y en plantas nucleares de los Estados Unidos, dictando clase y haciendo investigación en universidades como la de California en Los Angeles (Ucla) y la Politécnica de Puerto Rico, pero nada, como él asegura, le ha robado su espíritu de santandereano, de colombiano de ‘raca mandaca’.
“Necesito como 500 años más para hacer todo lo que quiero hacer. Y no me pregunte cuántos años tengo, porque me acuerda que no soy tan joven como quisiera ser”, expresa antes de despedirse y abordar el avión que lo llevará a California.
Un recibimiento por lo alto
La llegada de Edbertho Leal Quirós a Macaravita causó conmoción, tanta que en su antiguo colegio –“el glorioso Custodio García Rovira”, como él lo llama–, se puso de gala y formaron en el patio principal para escucharlo durante su discurso. Por su parte, la Alcaldía, en cabeza de Humberto Manrique Godoy, dispuso todo lo necesario para atenderlo como se lo merece, dicen algunos que “como un héroe”.
Y cómo no, asegura este científico santandereano, “si es que a Macaravita no la visita nadie, ni los políticos cuando hacen campaña, mucho menos cuando ganan. Qué olvidado está mi pueblo, que va a cumplir 280 años. Vea usted, si Gabriel García Márquez viviera en Macaravita tendría que haber escrito ‘Doscientos años de soledad’… ¡Ah! Y se ganaría un segundo nobel, se lo garantizo”, expresa con mucha seriedad, mientras quienes lo escuchan no dejan de reírse.
Su visita a tierras santandereanas no fue solo por placer. Tenía un objetivo claro: Mostrar un proyecto que consiste en la creación del observatorio astronómico y meteorológico más grande de Colombia, con un telescopio de 20 pulgadas de diámetro –más grande que el telescopio que existe en la Universidad Nacional de Colombia, de 16 pulgadas–, para poder observar los satélites, los planetas, las galaxias, así como el comportamiento del clima.
El observatorio tendría un costo aproximado de 2.000 millones de pesos. En el además funcionaría un planetario para enseñar a los niños y jóvenes de los colegios de la región las “maravillas del universo”, contaría con equipos de última tecnología para medir los niveles de contaminación del aire y su composición, así como la radiación y la temperatura.
Se ubicaría en el ‘Alto de los Rayos’, un lugar con una vista privilegiada, al que según este físico subía desde muy joven a observar la nebulosa de Orión y a ver salir las estrellas por encima del nevado.
Probablemente, según Edbertho, este sería uno de los mejores sitios del país por tener una vista de 146 grados de los 13 picos o montañas de la Sierra Nevada de Chita, Güicán y Cocuy. De hecho, es por esto que sirve para el observatorio, según comenta, ya que el ‘Alto de los Rayos’ de Macaravita se ubica a 2.700 metros de altura con respecto a la sierra nevada, que está a 6.000 metros de altura. Esto genera que el agua se concentre en las montañas de la sierra y no en el cielo del pueblo, que permanece despejado.
“En promedio, Macaravita tiene 26 noches despejadas en el mes, según los estudios que se adelantan desde hace tres años, lo cual lo hace uno de los sitios con mayores noches despejadas en el mundo. Las ciudades que tienen mejores observatorios en el mundo tienen un promedio de 16 noches despejadas al mes; en este caso, somos privilegiados”, explica este profesor de la Universidad de California.
No regresó a Bucaramanga sin antes recorrer el ‘Alto de los Rayos’, un lugar que le trae muchos recuerdos y le genera mucha nostalgia. “El lugar se llama así, porque la leyenda dice que allí se escondían muchos relámpagos. A lo mejor allí existen algunos metales radiactivos que ionizan el aire más fácil o algún fenómeno natural”, comenta.
“Cuando era joven subía a observar las estrellas, pero también lo hacía por estudiar la composición de los átomos. Recuerdo que desde pequeñito quería saber qué átomos conforman cualquier muestra. Me dice mi madre que un día me vio llorando, porque no sabía qué átomos tenía una piedra (risas). Cuando crecí pude diseñar mis propio espectómetro de masa y filtros y descifrar más interrogantes”, añade.
Reconocimiento en el mundo
Luego de estudiar durante la década de los setenta en la Universidad Nacional de Colombia y graduarse como físico, Edbertho Leal Quirós cursó estudios de maestría en este Alma Máter, en colisiones atómicas.
En Estados Unidos, en la Universidad de Missouri de Columbia, Edbertho se graduó como Phd en ingeniería nuclear, el 6 de mayo de 1989, según recuerda.
Su experiencia lo ha llevado a trabajar en destacados laboratorios, así como plantas nucleares de los Estados Unidos. Pero tal vez, el trabajar con la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, más conocida como la NASA y el participar en el proyecto de construir un cohete de propulsión de plasma que irá en una misión espacial a Marte, planeada para el 2025, es una de las cosas que más lo destaca.
Sin embargo, como él asegura, tiene muchas más cosas por mostrar, como la obtención de ‘Helio3’, también conocido como “la energía del futuro”. “Se puede encontrar en la luna. Por esto es que muchos países buscan llegar hasta este satélite natural, pero les saldría muy costoso, pues cada viaje cuesta alrededor de 1.400 millones de dólares. Hice el experimento 200 veces con mi hijo, que es músico e ingeniero electrónico, y siempre lo obtuvimos. El proceso de patente lleva más de un año. Estoy esperando los resultados para hacer la publicación”, explica este profesor universitario.
¿Para qué sirve el Helio3? “Sirve para fusión nuclear como combustible, es el mejor detector de neutrones. Se utiliza para saber quién tiene escondida una bomba atómica poniéndolo en un satélite o en un avión. Además, sirve en exámenes médicos como la resonancia magnética o detectar afecciones en el pulmón y otras enfermedades. Tal vez este sea uno de los usos más importantes”, expresa.
Y un proyecto más se suma a su lista de logros: la construcción del Solar Pro, un satélite que busca llegar a Júpiter y luego al Sol, en una misión programada para el 2018. “Trabajé en los laboratorios de NASA buscando los materiales para cubrir este satélite. Si bien es cierto que podría salir al espacio dentro de cuatro años, todo depende del presupuesto que se consiga. Lo interesante es que hará un recorrido de cinco años y se acercará en dos oportunidades al Sol”, concluye Edbertho.
















