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Jueves 13 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

Las manos de nuestros ángeles

Dicen que los ángeles nos libran de problemas o, al menos, hacen que ellos disminuyan. Son ellos los que nos traen bendiciones y quienes, al final, hacen que renazcan nuestras esperanzas.
Internet/ VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Internet/ VANGUARDIA LIBERAL)

Hay manos que nos señalan el camino, otras que nos hacen conducir por las vías equivocadas. Hay manos blancas o pulidas; hay otras sucias y torcidas. Hay manos amigas, hay otras que nos disparan o nos golpean. Podemos vivir en ellas como rosas de paz o como palomas heridas.
Sin embargo, hay unas manos que nos liberan de muchas afugias. Nos referimos a las de los ángeles, unas criaturas definidas como espirituales pero que, en el fondo, son seres de “carne y hueso”.
Quienes los defienden dicen que ellos son los mensajeros del cielo, algo así como los auxiliares que Dios emplea para cumplir sus órdenes y manifestar su voluntad. Son como amigos secretos que nos protegen.
Los incrédulos, por supuesto, sostienen que ellos no existen. Y basan tal afirmación en el hecho de que: “los ángeles no pueden ser vistos ni captados por los sentidos”.
Mientras los escépticos se atreven a decir que los ángeles sólo representan figuras ideadas por una vieja tradición religiosa; los que aseguran que sí existen dicen que la misión de ellos es amar y servir.
Cada quien puede tener su versión y, a decir verdad, todo puede resumirse a un asunto de fe. Sea como sea, en nuestro mundo viven ángeles que se pueden ver y tocar y que, tal como rezan los creyentes, se dedican a ayudarnos.
De hecho, ser un ángel, en el pasado fue un oficio. Cuentan que en el siglo XIX, la palabra “ángel” era un título que se les concedía a ciertos individuos, quienes se ganaban el sustento diario acompañando a los trasnochadores o a los borrachos que no podían llegar a sus domicilios por culpa de sus altos grados de alicoramiento.
Si hacemos memoria recordaremos que, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos encontrado con ángeles. ¡No! no hablamos de esos seres que, en el papel están en el cielo. Nos referimos a personas de la vida real quienes, sin explicarnos el por qué, “nos dieron una manita”.
Los ángeles están más cerca de lo que podríamos imaginar. Porque, en el fondo, ellos son todas aquellas personas que, sin otro interés distinto al de darnos una voz de aliento, nos protegen cuando nos sentimos indefensos.
En ese orden de ideas, nuestros padres son ángeles; nuestros hermanos también lo son, al igual que nuestros hijos y aquellos amigos cercanos que siempre están cuando más los necesitamos.
Tampoco hay que negar que los niños, no importa la edad que tengan, son unos auténticos ángeles. Son pedacitos de seres que nos reconcilian con la vida y nos ayudan a ver el horizonte con más entusiasmo.
Nosotros, también en cualquier momento fuimos o podemos ser ángeles para otras personas.
El rasgo característico entre todos los perfiles que se tienen de los ángeles se detecta en el hecho de que, en todos los casos, estos seres siempre conjugan el verbo “servir”.
Más allá de las explicaciones de los diccionarios o de las versiones de las personas que han estudiado sobre ellos, debemos reconocer que todos tenemos a esos custodios.
No defendemos ni posiciones religiosas ni mucho menos las esotéricas sobre el tema. Podríamos decir que los ángeles de los que hablamos no son esos seres de luz, esas criaturas amorfas, asexuadas, de naturaleza inmortal de las que nos hablan en los libros. Hablamos de unos seres que están muy cerca; tal vez en nuestras casas, oficinas y demás sitios que frecuentamos.
Lo mejor de toda esta versión es que nunca podremos negar que cuando logramos notar las presencias de nuestros ángeles, algo hermoso sucede en nuestras vidas y empezamos a recorrer el camino de la esperanza.
Por eso, hoy podríamos darles abrazos a esos ángeles que están a nuestro alrededor y que, muchas veces, olvidamos por culpa del egoísmo y del estrés de la vida.

Etimología
La primera vez que se incluyó la palabra ‘ángel’ como tal en nuestro vocabulario ‘moderno’, fue en el año 1764, cuando apareció el primer tomo filosófico de Voltaire. En esa oportunidad, se leía que un ángel era un espíritu sencillo que estaba a nuestro lado para ayudarnos a salir adelante. La etimología de la palabra ángel deriva del latín Ángelus y del griego Ángelos, significando “Mensajero de Dios”.

Algunos los invocan así
Arcángel San Miguel a mi derecha, Arcángel San Gabriel a mi izquierda, Arcángel San Rafael a mi espalda, para que con sus alas me cubran de todo mal; y Arcángel Uriel al frente de mí, para abrirme los caminos y para que me irradie la Gloria del Señor. Amén.

CONFÍE EN SU ÁNGEL
Unos turistas querían apoderarse de algunos huevos que estaban en un nido, situado en un lugar inaccesible frente a un precipicio.
Trataron de convencer a un niño que vivía por allí de que podía bajar hasta donde estaba el nido, si le ataban a una soga, la cual sería sostenida por ellos desde arriba. Le ofrecieron dinero, pero como no era
gente conocida, el muchacho se negó a bajar.
Le dijeron que no le pasaría nada, pues ellos sostendrían con firmeza la soga.
Pero, el muchacho les respondió:
“La única condición que pongo para bajar es que sea mi papá el que sostenga la soga”.
Es cierto: debe conocer a una persona antes de depositar en ella toda su confianza.

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