En medio de la tensión provocada por la minga indígena en Colombia, que dicho sea de paso se está convirtiendo en un problema de difícil solución para el presidente Duque; apareció una noticia que levantó una polvareda enorme tanto en España como en Méjico. Resulta qué al presidente de los mejicanos, Andrés Manuel López Obrador, no le dio sino por escribirle una carta a don Juan Carlos de Borbón, rey de España, para exigirle una declaración pública en la que el rey, -palabras más, palabras menos-debería -a nombre de la corona- pedir perdón a los mejicanos y en general a los pueblos latinoamericanos, por los excesos cometidos por los conquistadores españoles durante el proceso de descubrimiento y conquista, o toma de América.¡Quién dijo miedo! De inmediato las redes colapsaron y los medios de comunicación hicieron eco de una carta que aun y cuando tenía el carácter de privada, “de alguna manera” se filtró a los medios de comunicación, y se hizo viral en cuestión de horas. Como era de esperarse, el rey no solo reaccionó de inmediato, sino que lo hizo de manera contundente, negándose de plano a la petición y advirtiendo a la opinión pública sobre la intención oculta tras el incidente, pero el daño ya estaba hecho. La polarización ardía. Por una parte, los detractores de López Obrador, lo trataron de “mamerto” y lo culparon por atentar contra una relación sólida y de vieja data entre las dos naciones. Por la otra, aparecieron los seguidores del presidente, para manifestarse con vehemencia contra lo que ellos consideran es una “herida abierta”, o un asunto pendiente en la relación de España con el continente americano. Pocas horas transcurrieron desde aquel incidente para que entrara a terciar en la disputa, un peso pesado de la literatura universal. Nada más y nada menos que el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, que aprovechó su presencia en el XIII congreso de la lengua española realizado recientemente en Córdoba, Argentina para opinar sobre el asunto, y no se guardó nada. Para Vargas Llosa, toda la disputa generada sobre la carta de López Obrador, al rey de España, radica en que el presidente mejicano ““Tendría que habérsela enviado a sí mismo y responder por qué México, que se incorporó al mundo occidental hace 500 años y desde hace 200 disfruta de plena soberanía como país independiente, tiene todavía a tantos millones de indios marginados, pobres, ignorantes y explotados”. Como quien dice: La realidad actual de los indígenas no se arregla con la disculpas de un rey, o las vestiudyras rasgadas por un pasado. A ver si algún lo entendemos...