Ahora que se ha hecho público el desenlace de la permanencia de Daniel Coronell como columnista de la revista Semana es cuando podemos empezar a hacer un balance de perdedores y ganadores en este difícil asunto. En primer lugar gana el periodismo independiente, ese que corre riesgos y asume las consecuencias de los actos con gallardía. Hay que ver y oir a Coronell hablando del suceso para comprender y aprender sobre la importancia de asumir cada embate con dignidad; y es que aún con el arma humeante en la escena y la calentura que produce un hecho de esta naturaleza, al columnista más leído del país no se le ha conocido una salida desafortunada, o un comentario grosero o tendencioso que le acabe de echar leña al fuego. Su entrevista en la W, con Julio Sanchez Cristo y su equipo, fue una enseñanza a todos los periodistas y aprendices del oficio en el país, sobre cómo asumir la injusticia con decoro: Ni una palabra ofensiva o destemplada contra quienes fueron sus jefes y posteriormente sus verdugos, ni una amenaza o un llamado a sus seguidores a encender las antorchas de la guerra para combatir al enemigo. Tan solo una reflexión válida que reivindica el noble oficio de opinar: Cuando existe una infección, no se debe destruir el termómetro ante un indicio de fiebre, al contrario se debe buscar la causa de la misma para pasar a controlarla y eliminarla. La revista Semana, -que junto a algunos medios tradicionales del país y del mundo, no han acabado de comprender aún que la veeduría ciudadana es cada vez más poderosa y que es al público a quien se deben y no al poder político o económico-; es una de las grandes perdedoras en este lamentable asunto. No solo por el número in crescendo de lectores que viene perdiendo día a día, sino porque en una decisión a todas luces cuestionable ha permitido que se escurra de sus manos el valor más importante con que cuenta un medio de comunicación, todo eso sin mencionar lo más grave: la revista Semana al omitir o esconder esa valiosa información que tenía entre sus manos desde febrero y que fue publicada recientemente por el New York times, cerró los ojos ante lo que a todas luces es un delito abominable por cuanto era la vida de inocentes colombianos la que estaba en juego. Fueron tres meses de un silencio cómplice y tal vez criminal. ¿Qué pasará con Semana después de este gafe? El país tiene la palabra. andres peralta goelkel