En el libro “21 lecciones para el Siglo XXI” (Ed. Debate), el historiador y ensayista israelí Yuval Noah Harari nos pone frente a los retos más importantes de la humanidad, en un mundo inundado por información irrelevante, en la que los irrelevantes seremos los habitantes de este planeta.Dice el autor que uno de los principales retos será regular la propiedad de los datos que hoy están almacenando grandes corporaciones sobre nuestros gustos, actitudes y aptitudes y hasta de nuestros estados de ánimo, porque sin que nos demos cuenta nos están vendiendo desde un producto hasta un político. Los algoritmos controlarán muchas de nuestras decisiones y se abre la posibilidad de tener dictaduras digitales.Novela de ficción llamaron al libro de George Orwell (que se llamaba Eric Arthur Blair), 1984, que hablaba sobre los totalitarismos y la libertad humana, controlados por lo que denominó entonces, el gran hermano, la policía del pensamiento o el ministerio de la verdad. “Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”, decía Orwell en su obra publicada en 1949.Pues bien, Harari nos devuelve a pensar en esa humanidad que podría volver a retomar su rumbo, conviviendo con la tecnología, pero poniéndola a su servicio y no al contrario. “Lo más importante que debemos enseñar a nuestros niños es cómo construir su personalidad para que puedan dar la bienvenida a los cambios futuros, en lugar de resistirse a ellos”, dice.Sobre la política, dice que, probados todos los sistemas, el único que sobrevive es el liberalismo, pero que la desconfianza en este, es la que ha permitido que vuelvan brotes de políticos totalitarios ensayando respuestas.Los miedos también son controlados, afirma, y entre los más vendidos están el terrorismo, la migración y la guerra nuclear. Para Harari, estamos en la época de mayor paz de la humanidad, así persistan algunos conflictos puntuales. Hoy hay más muertes por suicidios que por violencia y si se quiere otro extremo, el azúcar está siendo más peligroso que la pólvora.Investigar quiénes somos, dejar de sentirnos infalibles, conectar más con nuestro hogar (la tierra) y permitirse una reinvención de lo humano, podría ser una buena idea para poder transitar y dejar una mejor huella en el planeta.