En Santander, 20 personas se cambiaron el nombre y el sexo en la cédula durante 2016, según la Superintendencia de Notariado y Registro. Catalina Mendoza Cáceres se unió a esta cifra. Ella afirmó que buscaba reafirmar su feminidad a pesar de haber nacido hombre.

Publicado por: Daniela Puentes Rueda
Cuando Catalina llegó a este mundo, en 1993, su mamá la bautizó como Alexander. Sin embargo, desde pequeña supo que era diferente. "Quería usar el uniforme de las niñas en el colegio y cuando mi mamá no estaba me ponía sus tacones y usaba su maquillaje", narró.
A los 15 años, Alexander aceptó que era gay. Esta decisión lo enfrentó a su mamá, una cristiana madre soltera que no asimilaba las inclinaciones sexuales de su hijo.
"Para ella fue duro. No supo ni qué decirme. En mi casa no se podía hablar de homosexualidad", comentó a Vanguardia.com Catalina.
Siete años después, la familia de esta activista Lgbt se enfrentó otra decisión transcendental: Alexander quería ser mujer.
"Fue muy difícil. Hay muchos mitos sobre el transgenerismo. Mi mamá, además de no entender bien, tenía miedo de que me volviera drogadicta, alcohólica o terminara prostituyéndome. Fui clara con ella. Le expliqué que quería ser una mujer profesional, que la sociedad me aceptara como mujer. Le dije que quería tener todo lo que puede alcanzar una mujer, trabajo, familia, entre otras cosas", contó Mendoza Cáceres.
De esta forma, Catalina 'abandonaría' la homosexualidad para ser parte de las personas transgénero, aquellas cuya identidad de género es diferente a las expectativas convencionales basadas en sus características físicas.
Para empezar a lograr sus metas, Catalina sabía que debía cambiarse el nombre que aparecía en la cédula de ciudadanía. Entrar como mujer, en tacones y maquillada, a una entrevista laboral mientras la empresa esperaba a un hombre no era una situación que la favorecía.

Entre enero de 2016 y enero de 2017, 439 personas acudieron a las notarías del país para cambiar su nombre por uno del sexo opuesto. Así lo reveló la Oficina de Planeación de la Superintendencia de Notariado y Registro.
Según estas estadísticas, de esos 439 ciudadanos, 340 es decir el 77,4%, corresponden a hombres mientras que 99, el 22,5%, corresponden a mujeres que lo cambiaron por uno del género masculino.
En Santander ocho hombres cambiaron de sexo a femenino, mientras que 12 mujeres pasaron a ser hombres.
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Pasos para cambiar de sexo y nombre en la cédula
Desde el 9 de julio de 2015 comenzó a regir el decreto 1227 del mismo año, expedido por el Gobierno Nacional, para permitir a los colombianos transgénero completar rápidamente el cambio de género en sus documentos de identidad, sin tener que acudir a engorrosos trámites.
El decreto también establece que el tiempo de espera para el cambio no debe superar los cinco días hábiles.
El 7 de febrero de 2017 Catalina comenzó su proceso legal para cambiar de nombre y sexo en la cédula de ciudadanía.
Catalina Mendoza Cáceres, quien estrenó recientemente su contraseña mientras espera su cédula, explica qué pasos hay que seguir para lograr el cambio del componente sexo y nombre en este documento:
"Primero hay que conseguir el Registro Civil de Nacimiento. Si usted es menor de edad debe tener la autorización de sus padres. Segundo, debe tener el dinero para mandar a hacer dos declaraciones juramentadas en cualquier Notaria, una por componente sexo y otra con componente nombre, para poder tener un nuevo Registro Civil. Tercero, llevar el nuevo Registro Civil con los cambios de nombre y sexo, la cédula original, una fotocopia de la cédula a la Registraduría. Allá hay que pagar otra cantidad de dinero".
A Catalina los trámites le costaron cerca de $200 mil. Sin embargo, aclara que el costo de los trámites puede variar.
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Aunque Mendoza Cáceres tuvo el dinero para realizar este cambio, muchas de las personas transgénero no cuentan con la solvencia económica necesaria para gastar $200 mil en trámites y documentos.
"Muchos no hacen el cambio porque es costoso. Para las personas trans debería ser gratis o debería estudiarse los casos de las personas que no tienen tanto dinero, para que se les ayude. Por ejemplo, las trans que se dedican a la prostitución no van a destinar su dinero para este cambio" aseguró la activista.
Sin embargo, para llegar a este punto ella tuvo que recibir terapias psicológicas.
"El año pasado entré en una crisis de personalidad. No sabía qué pasaba. Siempre viví una vida que no era mía. Hacía lo que los demás querían de mí. Estudiaba lo que mi familia quería. Cuando comencé a travestirme para hacer shows 'Drag Queen', me sentía bien, y quería verme así siempre. No solo en las noches o los fines de semana. Asistí al psicólogo y él me diagnosticó disforia de género. Me dijo que era apta para empezar un tratamiento hormonal si lo deseaba...", explicó Catalina.
Para los psicólogos, un paciente con disforia de género es aquel que siente tristeza, irritabilidad o cualquier emoción desagradable debido a la discordancia entre su sexo asignado al nacer, con el que no se identifican ni sienten como propio, y su identidad de género.
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A este hecho psicológico se le suma la atención en salud de las personas transgénero en Colombia, pues según Catalina Mendoza la ley "respalda 100% a toda persona trans pero las EPS, que debe cubrir desde el tratamiento hormonal hasta cirugía de reasignación de sexo, no los atienden como deben".
Por esta razón, aquellas personas transgénero que viven de la prostitución "se inyectan químicos que feminicen el cuerpo pero no conocen el riesgo. Lo hacen porque es más fácil, barato y rápido", explica Mendoza Cáceres.
La situación para las personas trans es tan gris que forman parte de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud y solo hasta el 2018 la transexualidad abandonará el capítulo de "trastornos" y pasará al de "condiciones relativas a la salud sexual".
El panorama mejora con la cédula de ciudadanía, así lo afirmó Catalina, pues "ya teniendo el documento que me respalda, puedo cambiar mis títulos y presentarme como Catalina, sin tener que explicar todo mi proceso. El hecho de cambiar la cédula ayuda a que la identidad de la persona trans sea más fuerte y respetada".

El verdadero cambio
Fue en septiembre de 2016 cuando Catalina comenzó su proceso de cambio. Aunque más que cambio, fue de reconocimiento, de verse al espejo tal y como se sentía: como una mujer.
"Inicié mi trabajo hormonal hace seis meses. Este proceso me cambió la fisionomía y mi voz. Sin embargo, todas las personas me dicen que parece que llevara cinco años, pero creo que es porque el mayor cambio va en la mente. Transmito lo que llevo en el interior, mi feminidad", afirmó.
Después de su cambio de sus documentos ella espera poder terminar su carrera de diseño de modas y ejercer su profesión.
En cuanto a su cuerpo, Catalina ya no quiere operarse lo senos, ni hacerse arreglos en los gluteos. Está convencida de que esos cambios serían "solo de apariencia y no hacen parte de la personalidad. Me quería operar los senos porque me sentía muy insegura, pero con todo lo que he estudiando, en mi proceso trans junto con mi activismo feminista me acepté a mí misma, a mi cuerpo".
Catalina todavía tiene los genitales de Alexander, por lo que no ha descartado la cirugía de reasignación de sexo. "A veces me incomoda, a veces no", explicó.
Pese a la duda, en su proceso psicológico ha podido comprender que ese componente es parte del sexo, por lo que si una persona quiere estar con ella, va a aceptarla tal y como es.















