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Algo sobre la felicidad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-25 19:05:49

Algo sobre la felicidad

Cuando escribo esta columna siempre¬† espero a alguien. Orlando Cancelado quiere filmar los vi√Īedos de Zapatoca. Tambi√©n me anuncia visita Alfredo Valek¬† para seguir hablando del cultivo de Inchi y de los proyectos en el Magdalena Medio y Acac√≠as. El veterinario Iv√°n Rueda quiere comprar unos camuros.
Algo sobre la felicidad

Federico mi hijo llega con América su mujer a ver un potro. Una mujercita del campo ofrece en la puerta unas gallinas. Otra ofrece arepas con chicharrones que garantizan un infarto seguro. Deberían tener en la etiqueta la dirección de cardiólogo Toto Chávez. Así que habrá que teclear rápido y enviarle lo que resulte a María Duarte, la paloma mensajera de Vanguardia.

Todos aquí en Fuente Ovejuna están felices con el artículo que escribió Jaime Liévano sobre su experiencia en Zapatoca, el pueblo al que no había querido venir. Jaime será el próximo Ministro de Agricultura, es el hombre que en Colombia tiene la fórmula práctica de hacer agricultura rentable  sin atropellos. Leo con interés sus artículos sobre los temas del campo; es diferente leerlo a él, que a los teorizantes de escritorio, un hombre de que se ha untado las botas de barro. Jaime Liévano describe un pueblo feliz.

La verdad es que este es un pueblo que est√° un poco loco. Quiz√°s a eso se deba el aire de despreocupaci√≥n y de felicidad que el visitante observa en su gente. Ayer no m√°s me top√© una se√Īora que pastoreaba un caballo¬† por las calles. Aqu√≠ no existe prado en ninguna parte, menos en las calles. Me cont√≥ que se lo gan√≥ en una rifa. Cuatro millones o el caballo. Ella prefiri√≥ el caballo. Siempre so√Ī√≥ galopar desnuda como Lady Godiva.

Ahora pastorea su sue√Īo por las tiendas en donde las almas caritativas le¬† largan un rosc√≥n y el caballo¬† se relame agradecido pensando en¬† el¬† buen coraz√≥n de los zapatocas. Alguien me dijo que le parec√≠a aburrido vivir aqu√≠, las calles solitarias, demasiado silencio. S√≠, es posible. Cuando llegu√© aqu√≠ me aburr√≠. Pero una noche, pasado de copas, en una calle solitaria azotada por el viento g√©lido que ven√≠a de la serran√≠a, alguien me toc√≥ el hombro.

El whisky que dieron donde Armando Serrano era estampillado, no podía ser la causa de mi alucinación. Un hombre con el sombrero calado que no dejaba verle los ojos me dijo: le regalo un revólver, un legítimo Smith 38 Largo, usted lo debe necesitar. No gracias, le dije, hace tiempo  le di el adiós a las armas. Me fui pensando que ese fantasma era Geo Von Lenguerke. Regresé sobre mis pasos para  invitarlo a unas copas más a mi casa. Ya no pude encontrarlo. Aquí solamente he encontrado un hombre triste.

Estaba sentado en el caf√©. Me pareci√≥ inmensamente triste. Le pregunt√© ¬Ņpor qu√© su tristeza? Me dijo que √©l siempre hab√≠a sido un hombre tiste. Cuando me cas√© mi mujer me permiti√≥¬† beber todo lo que quisiera, desde entonces he sido un hombre triste, dijo. Luego, en tono casi de secreto me sopl√≥ al o√≠do: le vendo un 38 largo. Supuse que era el fantasma pero ahora me lo estaba vendiendo. Smith o Colt, le pregunt√©. No, Lee, un blue jean Lee americano. V√©ngase a vivir a los altos de Gachaneque en un pueblo que duerme todav√≠a con las puertas abiertas, porque el √ļnico ladr√≥n se fue.

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