
Este hombre de 32 años, nueve de los cuales los dedicó a estudiar medicina, no tuvo que embarcarse en una balsa ni confiarle su vida a un coyote en la frontera entre México y Estados Unidos, para entender el significado de estar a la deriva.Aún en Colombia, donde sabe que no será deportado a su país natal, se siente atrapado en un limbo migratorio, pues el Gobierno ya le negó la condición de refugiado, cosa que le impide homologar su título como médico y, para completar, saber si le darán la visa a Estados Unidos es como ganarse la lotería.Nada de esto pasó por su mente cuando, luego de esperar un año y cuatro meses, obtuvo un cupo en la Misión Barrio Adentro, un programa social promovido por el presidente venezolano Hugo Chávez con ayuda del Gobierno de Cuba, que utiliza profesionales cubanos y venezolanos para ofrecer servicios de salud a la población venezolana más pobre.Este médico nacido en La Habana, ama su profesión, pero estando en Cuba tenía una razón mucho más fuerte para querer abandonar su país. Frank tiene un hijo que nació en Colombia en diciembre de 2006 y que hasta su salida sólo conocía por fotos. Verlo era su primer objetivo, pero también tenía otro plan: estando en Colombia intentaría acceder al Programa para el Personal Médico y Profesional Cubano (Cuban Medical Profesional, Parole, en inglés), aprobado por Estados Unidos en agosto de 2006, el cual acoge a profesionales cubanos que hayan decidido desertar de misiones oficiales y políticas del gobierno cubano en terceros países. Los médicos cubanos cuando escapan, ya sea de Venezuela o de Bolivia, no van para ningún otro país diferente a Colombia porque tiene excelentes relaciones con Estados Unidos y acepta el Parole, explica.Salir de Cuba La primera vez que Frank estuvo en desacuerdo con el Gobierno de Fidel Castro, hacía su rural para obtener el titulo de doctor en medicina en la Brigada Móvil de Tropas Especiales del Ejército cubano, en La Habana.Estando allí conoció a una guerrillera de las Farc que era refugiada política y por esa amistad, el Gobierno lo expulsó de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR, privándolo de su grado de teniente y negándole la posibilidad de trabajar -nunca más- en instituciones militares cubanas.Existe una ley en Cuba que prohíbe a los militares tener cualquier tipo de contacto con extranjeros ya sean chavistas, de las Farc, etc.. Yo era civil pero trabajaba con los militares, dice. La segunda gran decepción ocurrió mientras hacía su especialidad de Medicina General Integral, que dura tres años, en el Policlínico Cristóbal Labra. Allí se robaron algunos equipos médicos de su consultorio y ante la indiferencia de las directivas, Frank se quejó con el Gobierno. En Cuba todo es propiedad del Estado, pero como lo que es de todos no lo cuida nadie, a nadie le dolió ese robo a mí sí, dice. Los roces aumentaron y Frank buscó un cupo para especializarse en medicina interna con la intención de que lo cambiaran de lugar de trabajo, hasta que finalmente se lo dieron en el hospital Luis Díaz Soto, también en La Habana.En 2006 Venezuela sólo solicitaba especialistas de Medicina General Integral a Cuba. Y en mi caso, que estaba haciendo una especialización, no me autorizaban salir para la Misión Barrio Adentro. Así que renuncié a la especialidad, dice. El motivo de fondo era conocer a su único hijo que tuvo con otra mujer colombiana que vio por primera vez cuando ella hacía una pasantía de pediatría y él estudiaba para ser Medico Integral. Ella, por supuesto, tuvo su parto en Colombia para evitar las restricciones que pone el Gobierno cubano a un niño que nace en ese país, y Frank buscó la ayuda de un asesor jurídico experto en relaciones exteriores. Tenía dos opciones: salir en misión médica internacional a un país latinoamericano, siendo verificado por miembros de la seguridad de Castro, o plantear una salida definitiva, lo que significaba ser retenido por el Gobierno por cinco años hasta que el Ministro de Salud entregara una carta de liberación, y ahí sí, empezar los trámites para la salida. En esto podría durar cerca de ocho años. Eligió la primera. Frank se inscribió en la Misión Barrio Adentro en diciembre de 2006, justo cuando nació su hijo en Colombia y fue hasta el 13 de abril de 2008 que obtuvo un cupo. Venezuela y ColombiaEse 13 de abril partió un avión desde La Habana hacia el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, a las afueras de Caracas, en el que viajaban nueve médicos cubanos. Llegamos a las 9 y 30 de la noche y ahí estuvimos dos días mientras esperábamos que nos ubicaran en el lugar de trabajo. Viajamos a Maracaibo y fuimos alojados en la Primera División del Ejército, donde en una reunión con los jefes de la Misión, fuimos ubicados en los diferentes municipios del estado de Zulia. Hasta ahí todo resultaba perfecto. Zulia está justo en la frontera con Colombia.A Frank y dos doctoras más les correspondió el municipio Francisco Javier Pulgar, al sur del lago Maracaibo. Allí, Frank sólo trabajó un mes y tres días mientras logró el contacto con un grupo de antichavistas que ubicaron a un ciudadano con doble nacionalidad (venezolana y colombiana) que vivía en Puerto Santander (Norte de Santander).A las 5 de la mañana del 16 de mayo, Frank salió de Zulia y llegó a la frontera con Colombia seis horas después. Sus compañeros cubanos sólo se enteraron de su deserción hasta las 4 de la tarde y en Cuba, la noticia se supo cuatro días después.Frank cruzó la frontera por Puerto Santander con 500 mil pesos, y de allí viajó a Bogotá con la intención de ir directamente a la Embajada de los Estados Unidos. Pero tendría que esperar. La tramitologíaLo primero que hizo fue diligenciar la solicitud de refugiado en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia. Casi cuatro meses después, el 16 de septiembre, Frank se enteró que le habían negado la condición de refugiado porque no era un perseguido político. A cambio, le regularizaron su permanencia en Colombia conforme al régimen migratorio. Acordaron darle una visa como padre de nacional colombiano por tres años y le entregaron un Documento de Viaje.¿Por qué? Yo tenía un pasaporte oficial al que no se le pueden poner visas. Eso lo hace Castro para que si un médico se escapa, tenga dificultades al país donde va. Y claro que las tuvo. Intentó cambiar el pasaporte oficial por uno ordinario en el consulado de Cuba en Bogotá, pero allí le sugirieron que se presentara en el consulado de Cuba en Caracas. Eso significaba mi regreso inmediato a Cuba y sé que me esperan sanciones como la prisión, cambios en el estatus social y no poder volver a salir de Cuba. A su hijo lo conoció en medio de esa tramitología, cuando ya tenía un año y seis meses de vida. En Cuba están su mamá y su abuela, quienes ya han sufrido represalias por su deserción, como la suspensión del sueldo de Frank como médico, que corresponde a 60 mil pesos colombianos mensuales.En Estados Unidos están una hermana de su abuela, su hija y su nieta, quienes buscan la ayuda de otros médicos cubanos. Ya han pasado casi nueve meses desde que Frank llenó dos formularios pidiendo la visa a Estados Unidos y hasta hoy no ha tenido respuesta.