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La panela pulverizada ensambla su factoría en la Hoya del Río Suárez | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-02-15 05:00:00

La panela pulverizada ensambla su factoría en la Hoya del Río Suárez

El impactar la panela contra “el mundo” para volverla pedazos, será una peripecia, que muy seguramente, se estacionará en los anaqueles y revivirá en tardes de remembranzas.
La panela pulverizada ensambla su factoría en la Hoya del Río Suárez

Y las piedras redondas sacadas del río Suárez que no faltan en ningún hogar donde se consuma panela, es factible que terminen pintadas al lado de una jardinera.

Todo porque el tradicional bloque de panela tendrá un cambio, que podría llamarse extremo: irá de lo sólido y compacto a lo pulverizado.

Detrás de esa iniciativa está Multingenios Makariza S.A, el operador del proyecto integral panelero de la Hoya del Río Suárez, que pretende panela pulverizada como una alternativa frente a las prácticas artesanales en la fabricación del producto, y a las deficiencias y deformaciones del mercado, que recaen sobre los hombros de cultivadores y productores, y que se hacen tangibles en forma de ruina.

La inversión

De acuerdo con José Vicente Camacho V., presidente de la compañía, en la financiación del proyecto está involucrada la inversión extranjera (dos empresas americanas) y cañicultores con asiento en la región con más de 40 años de tradición en esos menesteres.

El proyecto tiene un valor de $7 mil millones e incluye el montaje de una planta con tecnología de punta y el sistema de transporte de la caña diseñado para la explotación en ladera.

“Esta planta intervendrá 1.200 hectáreas, pues tiene una capacidad instalada para procesar 10 toneladas hora”, agregó.

El directivo dijo que se tendrá una intervención estratégica, la cual tiene cuatro pilares dada su calidad de operador: Asistencia técnica en los cultivos, desarrollo social, elaboración de panela pulverizada y comercialización directa.

“En primera instancia el producto estará dirigido a los estratos 1, 2 y 3 donde la panela aún es base de la alimentación, y donde se encuentra el mayor número de habitantes del país. Tenemos claro que el gran reto es incidir en los hábitos de consumo de las amas de casa y potenciales consumidores; pero también, sabemos que debido a la alta eficiencia del proyecto podremos competir con volúmenes y precios”, agregó.

Por dentro

El concepto de los trapiches queda atrás.

Lo novedoso radica fundamentalmente en la obtención de sacarosa de manera más eficiente, factor clave para la competitividad del proyecto.

Es decir, no se tendrán molinos de masas ni pailas para evaporar el jugo de la caña.

Para el ingeniero civil y coordinador del montaje, Víctor Manuel Camacho V., se trabajará con difusores para extraer la sacarosa y evaporadores cerrados, los cuales son muy eficaces.

“En la extracción tradicional se pierde el 45% de la sacarosa, es decir, se va en el bagazo, el cual es quemado para hacer arder las hornillas; y esas pérdidas siguen en el proceso de evaporación abierta donde por volatilidad hay otra fuga considerable”, agregó.

Según el coordinador, la nueva planta es de producción continua y los niveles de extracción de sacarosa llegan al 92%, pues los difusores (una tecnología de vieja data muy aplicada en Brasil y en algunos ingenios azucareros) es el método más adecuado en ese proceso.

Y para sacar las últimas gotas, el ciclo se cierra cuando ese bagazo pasa por un moderno molino de cuatro masas, el cual a su vez, lo seca y deja listo para que genere energía.

Único en el país

Tal y como está concebido el proyecto, es único en el país, pues es integral.

Además, de acuerdo con los directivos, la planta no solo se destinará para azúcar pulverizada, sino que obtendrán multiproductos, como por ejemplo, alcoholes para licoreras, mieles invertidas para la industria alimenticia, aderezos (para trabajar con chocolates), licor de caña y bases para la preparación de licores, como por ejemplo, cuba libre, entre otros.

“La transformación de las mieles, es una gran alternativa en un mercado que tiene alta demanda”, sostuvo el directivo.

En primera instancia, esta será la planta piloto; pero se proyectan el montaje de otras 44 en el país, de las cuales el 30% estarían en la Hoya del Río Suárez.

De ser así, en cinco años la panela en bloque será una vacilación.
¿Panela en qué?

De lo informal a lo formal

Desde tiempos remotos la activad cañera es informal, por lo que se pretende cambiarle el sentido.

Es decir, normalizarla donde el referente social jugará un papel preponderante.

Por ejemplo, la planta generará 300 empleos directos (60 estarán en la planta en tres turnos de 8 horas), los cuales se vincularán a través de contratos a término indefinido. De manera indirecta, estiman que generarán 1.200 empleos.

Según Ovidio Rodríguez Rodríguez, asesor agroindustrial del proyecto,  la formalidad genera bienestar tanto para el trabajador como el empleador, por lo que el personal vinculado gozará de todas “las garantías consagradas en nuestra legislación laboral, además, serán capacitados en las diversas actividades industriales y agrícolas del cultivo de la caña”.

“Esta empresa fomentará los programas sociales y de seguridad social; como el cooperativismo y solidaridad”, agregó.

Materia prima

De acuerdo con Rodríguez Rodríguez, el proyecto se proveerá de caña de la zona, mediante la celebración de un contrato de suministro por tres años.

Se pagará a $50 mil la tonelada en la finca, ya que Makariza  tendrá un planta de corteros especializados y sistema de transporte.

“Una hectárea bien sostenida produce 100 toneladas, lo que significa que se cancelarían $5 millones por hectárea. Ahora, la calidad tienen una prima: Por cada grado Brix (niveles de sacarosa) por encima del promedio en la zona, que es de 19 grados, se adicionarán $2.500 por tonelada y si se tiene un grado por debajo, se restará la misma cantidad por tonelada”, agregó.

Rodríguez Rodríguez dijo que ya se cuenta con 150 proveedores, los cuales no pueden estar ubicados por encima de un radio de 9 kilómetros de la planta.
Esa distancia es la máxima, pues el excederla acarrearía problemas de competitividad ante los altos costos del transporte.

 

 

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