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Domingo 12 de julio de 2026 - 01:00 AM

Milagros inesperados, reporteros enmascarados

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Tengo muchas historias por contar, episodios por narrar; debo ir poco a poco, “sin prisa, pero sin pausa”, frase del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, padre del Romanticismo. Viajar solo es interesante; hay tiempo para planear, pensar y decidir qué hacer cada día, porque cada día en un mundial de fútbol es una aventura completa. De repente empezaron a llegar a Ciudad de México varios de mis amigos, quienes, al igual que yo, viajaron para cubrir este campeonato del mundo, que se inauguró el 11 de junio. Llegué el nueve; el mismo día arribó mi compañero de Vanguardia, Fabián Pabón. Fernando Cotes había llegado días antes al Hotel Marriot, nuestra casa en la capital mexicana. La avanzada la encabezaron Héctor Eduardo Cáceres, Jhon Mayorga y Juan David Rojas, más conocido como ‘El Peludo’; José Luis Alarcón no hacía parte del plantel del Show del Mundial, conformado por ‘Ferco’ para transmitir todo su desarrollo por el Canal TRO, pero llegó días antes y, estando allí, sufrió la pérdida de su padre, don Luis Ernesto. ¡Fue un momento doloroso para todos!

Yo sabía a qué iba; aparte de cubrir los partidos del seleccionado mexicano dirigido por Javier ‘el Vasco’ Aguirre y también asistir a los dos juegos del onceno dirigido por el argentino Néstor Lorenzo en el estadio Azteca y en Guadalajara. Esa era mi prioridad y mi compromiso con Vanguardia y con Olé Fútbol, el programa de radio y televisión que disfruto hace 21 años. Pero mis objetivos eran claros: iba a visitar museos, como el de la Revolución Mexicana; las pirámides de Teotihuacán y monumentos tales como el Ángel de la Independencia. Es más, Farouk Caballero me ayudó para contactar a Geney Beltrán y, de esta manera, poder conocer el lugar en donde García Márquez escribió Cien años de soledad; por supuesto, no podía dejar de ir a la Basílica de Santa María de Guadalupe, ‘la Morenita del Tepeyac’. Era una promesa y ¡las promesas son para cumplirlas! Como la palabra empeñada. Fui con Cotes, grabamos unas cámaras para el noticiero Oro Noticias y, luego de pasar frente a la Patrona de México, se me escurrieron las medias. No podía contener las lágrimas; oré por todos, incluyendo algunos amigos que no pasan por un buen momento con su salud. Al día siguiente, Javier Mantilla, quien arribó a la capital en compañía de Arley Durán, estaba conversando conmigo y, cuando empezamos a caminar por el Paseo de la Reforma, observé que lo hacía con dificultad. Lo esperé y sacó un bastón de madera para apoyarse. Su rodilla izquierda estaba totalmente destrozada; mejor dicho, lo esperaba un quirófano a su regreso al país.

Le dije que, cuando fuera a visitar a la Virgen de Guadalupe, lo hiciera con mucha fe y vería los resultados. ¡Pues los vimos! A los dos días, ‘el Flaco’ Mantilla ya no cojeaba; es más, dejó en la maleta su bastón y caminó cientos de kilómetros en México y Estados Unidos, sin ayuda y sin dolor. Doy fe del milagro, inesperado, ¡por cierto! El sábado 13 de junio estaba en el Ángel de la Independencia viendo el desfile del Día de Muertos para los turistas que fuimos al mundial. De repente, me abordaron dos chicos enmascarados: una chica y su camarógrafo. Me preguntaron de dónde venía y que si me podían entrevistar. Luego del sí, encendieron la cámara y me solté hablando de un país que nos abrió sus puertas con amor; de la gente maravillosa que nos atendió con cariño, con un zócalo de sonrisas. Recordé en ese video a sus cantantes: a Javier Solís, a José José, al yucateco Armando Manzanero; me referí a una población gigantesca en su estatura académica y literaria; les hablé con sinceridad y amor de colombiano agradecido. Ese video se volvió viral; me nacionalizaron mexicano, me pidieron hijos y tengo muchos compadres. “Donde fueres, haz lo que vieres”, le dijo San Ambrosio de Milán a San Agustín. Regresé muy agradecido con los hermanos mexicanos, con Dios, con la Virgen de Guadalupe y con la vida; también con mis amigos, los de aquí y los que dejé allá. El ortopedista de Javier Mantilla tiene la palabra.

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