Publicado por: Ernesto Rueda Suarez
El referéndum de la senadora Morales y su beatísimo esposo, muestra hasta qué punto llega la audacia de la ignorancia política en nuestro país; pero no somos únicos ni originales, es de las cosas mejor repartidas en el mundo. Y no es un problema de ser «culto y educado». Creer en delirios y fanatismos religioso-políticos es la onda actual. La mentira política, los «hechos alternativos» son una plaga que entra por cualquier rendija de la conciencia de manera abrumadora, más si vemos cómo ganó la presidencia de Estados Unidos, impuso el Brexit, amenazó a Francia, ganó el No en el plebiscito reciente, y amenaza con conquistar un terrible poder en las próxima elecciones presidenciales en Colombia, capaz de reinstalar la guerra por quien sabe cuántas décadas más. Es una amenaza real; y no creo que exista ningún Macron que pueda salvarnos. Pero caudillos populistas en ciernes sí que tenemos. Tenemos la encerrona histórica de siempre: escoger entre «el peor», «el malo» y «el pésimo».
El episodio por ahora frenado del referéndum d la senadora Morales pone en evidencia de nuevo las posibilidades de regresar a las cavernas, y sobre todo pone en evidencia la eficacia de la ignorancia como arma política electoral. No sé si los representantes son tan ignorantes, o solo presumen que los colombianos sí lo somos, y eso hay que aprovecharlo, así causemos inmensos daños a la niñez, pero también a los adultos, que pudiendo hacerlo, no pueden adoptar; y los daños éticos, morales y psicológicos de quienes ya han adoptado con éxito, y que el pretendido y fallido referendo discriminaría y dañaría su dignidad humana. Tanta ignorancia debería ser causal de desinvestidura.
Lo del referéndum no es un caso aislado. Forma parte de un plan para desmontar los avances reales de la Constitución de 1991. Es de la misma familia de la «ideología de género», de desconocer derechos fundamentales a minorías, sociales, étnicas, económicas, religiosas, la que guarda silencio ante la pederastia, la que quiere condenar a la población a la ignorancia y la credulidad dañina.











