Publicado por: Gustavo Galvis Arenas
Actualmente vivimos procesos interesantes que despiertan grandes expectativas. Parece que los centros de poder en el mundo se están diversificando, ya no hay una gran potencia que sea como un faro luminoso. Parece que la vieja Europa está en crisis y solamente Francia, Alemania e Inglaterra logran superar parte de las dificultades. Los Estados Unidos, a pesar de ser una gran potencia, se están debilitando.
Hemos visto cómo algunos países entre ellos Venezuela y Ecuador se enfrentan, al menos verbalmente, a los Estados Unidos y miran con desdén a la tradicional Europa.
Debemos tener claro que las democracias occidentales han creado un modo de vida de excelencia. Por más crisis que haya en Europa allá hay civilización, equidad, libertades y un gran progreso social y los Estados Unidos han cometido grandes errores como la invasión a Irak, pero tienen un modo de vida que señala un progreso para la humanidad. Es entonces la cultura occidental. Algunos países pretenden buscar nuevos horizontes y reniegan de la vieja democracia. Es cambiar con todos los errores lo que hay de bueno en el mundo por una vida precaria y llena de sorpresas y dolores.
Buscan estos audaces políticos de países emergentes unir sus fuerzas y su cultura con los Musulmanes como alternativa de poder. Estamos de acuerdo en que debemos diversificar las relaciones internacionales de los países y tratar zonas de diversa cultura. Pero por ejemplo traer a la América como patrón de vida por un lado los Musulmanes y por otra los chinos es por demás absurdo y sin ningún criterio político. Todos sabemos que el mundo Musulmán es totalmente diferente a nuestra vida occidental. Los respetamos pero no tenemos porqué imitarlos. Los gobiernos de estos países son dictaduras teocráticas, de un gran sentido religioso. El Corán es fuente de derecho y los ayatola, para citar lo que ocurre en Persia, tienen un poder extraordinario. Sería traer como ejemplo a nuestros pueblos la poligamia, la lapidación de las mujeres adúlteras, cercenar los brazos de los delincuentes y la dependencia del poder civil del eclesiástico.
Curiosamente todas estas instituciones fueron rechazadas en el mundo occidental hace muchos siglos, después de guerras, sangre y dolor. No se va a pegar todo pero sí va a ejercer influencia. Otro país poderoso que tratan de imitar y con mucho entusiasmo estudian mandarín, es la China misteriosa. Parte del crecimiento económico de ese pueblo se debe a capitales norteamericanos invertidos en ese país. Su gobierno es una dictadura, con el agravante de que los salarios son precarios y los obreros deben marchar como autómatas bajo las banderas del viejo poeta Mao Tse Tung. Estamos totalmente de acuerdo con la ampliación de los centros de poder, pero si se trata de esto miremos con solidaridad a nuestro gran país latinoamericano, Brasil. No cambiemos lo malo por lo peor.










