Publicado por: Jaime Calderón Herrera
Es posible que el recientemente descubierto falso siquiatra, pase a la lista de los impostores más famosos de la historia al lado de Víctor Lustig, quien vendió la torre Eiffel haciéndose pasar por funcionario del gobierno, e incluso timó al famoso Al Capone; o del dúo Milli Vanilli, ganadores de un Grammy que debieron devolverlo al descubrirse que no cantaban sino que hacían mímica.
Claro que debe competir por el reconocimiento de impostor colombiano con aquel que haciéndose pasar por embajador de la India, recibió honores de las autoridades opitas.
Los impostores prefieren la suplantación de personajes nobles, o posan de habilidades adivinatorias o sanatorias, o incluso emulan a Moisés controlando la naturaleza. También hay quienes su timo consiste en prometer la solución de todos los males, o crear la ilusión de la eterna juventud, o la de la paz de los sepulcros.
Los impostores tienen una extraña capacidad para convencer y un extraño carisma. Lucen tranquilos y bonachones pero son personalidades eruptivas y dañinas. Se desenvuelven hábilmente entre los poderosos, pero también logran cautivar masas.
Camilo Herrera, el siquiatra falso, engañó durante lustros al Inpec y a Medicina Legal, afectando con sus 1.900 conceptos a quién sabe cuántas personas. Según Semana, por poco logra con su autoridad falsa que un juez le concediera libertad a "la Gata". Sus relaciones apenas se empiezan a conocer, pero ya se sabe de su cercanía con Ciro Ramírez, uno de los ex presidentes de un partido y con enredos con la justicia.
En nuestras barbas, a un ex alcalde lo acusan de presentar diplomas falsos. Si las entidades gubernamentales se tomaran la precaución de comprobar la veracidad de los documentos que refrendan los requisitos exigidos para los cargos, más de un impostor saldría a la luz.
Este falso siquiatra hizo daño por mucho tiempo, ahora un siquiatra verdadero, con posturas cuestionables, pretende encabezar una rebelión con las ideas del siglo XVII, desde un exilio lastimero y en búsqueda de un asilo espúreo.
Herrera, como tantos otros impostores, terminan con el tiempo en cárceles donde continúan ejerciendo su antisocial personalidad.










