Es difícil encontrar un colombiano que en los últimos 30 años no haya tenido contacto con la revista Semana. O con Soho, con Fucsia, con Jet-Set o Dinero. La vida de este país en las pasadas tres décadas ha quedado literalmente impresa en las páginas de este conglomerado de medios de comunicación.
Pocos, muy pocos, en cambio saben quién está detrás del imperio que, sin lugar a dudas, es referente de periodismo en toda América.
Nunca concede entrevistas, es casi imposible encontrárselo caminando por ahí pero sabemos que nada se mueve sin su aprobación. Trabaja incansablemente y es tan buen periodista como empresario. Felipe López Caballero, hijo y nieto de ex presidentes, hermano y primo de políticos y ricachones, además de testigo de excepción de los acontecimientos de Colombia, se destapa en un libro que más parece una conversación en la sala de su casa, publicado por Planeta con los buenos oficios de Juan Carlos Iragorri como entrevistador.
Lleno de frases ingeniosas, como ingenioso y ácido es él, López ‘pasa revista’ por su infancia y juventud, comparte su visión sobre los gobiernos que le tocó vivir, paseándose, a su manera también, por la presidencia de su abuelo y su padre hasta llegar a nuestros días para referirse a los delfines que como él gozan de las ventajas que este país les concede.
Pero el libro no sólo está cargado de estos temas. También tiene anécdotas inéditas, una visión general de los medios, la competencia y los protagonistas clave de esta industria, y es sobre todo, la mejor manera que encontraron de celebrar estos 30 años de existencia de Semana: contando cómo ha sobrevivido a las crisis, cómo se hace y cómo es por dentro.
Con mi deseo de feliz navidad para todos los lectores, va la recomendación de este libro que con dedicación infinita –me consta- nos entrega Juan Carlos Iragorri.
Ni lagarto ni altanero ni intrascendente. Incisivo sí, y hasta la saciedad curioso. Al final, Iragorri no nos conduce a odiar o a admirar a López. Simplemente a conocerlo. Y eso, con un tipo tan influyente y a la vez tan silencioso como Felipe López, es todo un logro. Lo recomiendo de veras.

