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Luis Ernesto Ruíz
Jueves 20 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Uribe y las nuevas alianzas del poder

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La política colombiana vuelve a mostrarnos que las alianzas no siempre responden a principios ideológicos, sino a intereses, estrategias y a la necesidad de conservar espacios de poder. En ese escenario, las recientes actuaciones de Álvaro Uribe merecen no solo una lectura especial, sino también una calificación de nuestra parte, quienes habíamos creído en él.

El expresidente continúa siendo una figura determinante dentro del Centro Democrático y ha demostrado que, aunque su partido puede acompañar al nuevo Gobierno en algunos asuntos, no está dispuesto a convertirse en un aliado incondicional. La elección de las mesas directivas del Congreso dejó una señal clara: Uribe quiere conservar autonomía y capacidad de decisión.

Lo más llamativo son las coincidencias que se han producido entre sectores del uribismo y representantes del Pacto Histórico. Después de años de confrontación política, encontrar coincidencias entre dos sectores que parecían irreconciliables resulta sorprendente. ¿Estamos ante una nueva etapa de la política colombiana o simplemente ante acuerdos coyunturales para alcanzar objetivos concretos?

¿Es prudente hablar todavía de una alianza permanente entre Uribe y el petrismo? No lo creo. Pero sí es evidente que la política está cambiando. Los antiguos adversarios pueden coincidir cuando están en juego posiciones estratégicas, elecciones internas o decisiones que afectan el equilibrio del poder.

El nuevo Gobierno de Abelardo de la Espriella tendrá que entender esta realidad. Tener al Centro Democrático como partido cercano al Gobierno no significa tener garantizados todos sus votos ni su obediencia política. Uribe sabe que el poder también se ejerce desde la independencia, desde la negociación y, cuando sea necesario, desde la diferencia.

Aquí aparece el verdadero desafío: ¿será Uribe un aliado del nuevo Gobierno, un contrapeso o ambas cosas al mismo tiempo?

La respuesta probablemente dependerá de cómo se distribuyan los espacios de poder en el Congreso y de las decisiones sobre los organismos de control. Donde se han juntado el agua y el aceite, nunca pensamos que podía existir tal coincidencia. Pero este es otro Uribe, el que acabamos de ver. Y debo decirlo: no me gusta.

Allí se verá si las actuales coincidencias son simplemente movimientos de ocasión o si estamos frente a una nueva arquitectura política, con el ángel y el diablo juntos. Lo cierto es que Colombia está entrando en una etapa en la que las viejas etiquetas parecen perder fuerza.

La pregunta ya no es solamente quién está con quién, sino quién tiene la capacidad de construir mayorías y para qué las utiliza.

Ya vendrán nuevas elecciones y Uribe podrá ver en qué le queda el Centro Democrático cuando le cobren estos timonazos al abismo. Amanecerá y veremos, diría mi abuelo. Le apareció el tigre.

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