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Puno Ardila
Lunes 30 de abril de 2012 - 12:00 AM

Lecciones de Semana Santa

Publicado por: Puno Ardila

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Algunas verdades pueden sacarse de los días de la Semana Santa. Por ejemplo, que las acciones históricas de la religión católica están comenzando a pasar cuenta de cobro, y eso puede hacerse evidente en el distanciamiento galopante de los creyentes, que ya no creen, o que por buscar la satisfacción de sus carencias espirituales, sus miedos y sus vacíos cosmogónicos, se han alistado en otras filas doctrinales; bueno, con la asunción de que todas estas iglesias de garaje, cada vez más fortalecidas económica y políticamente, tengan de verdad una doctrina y no sean únicamente un rentable negocio basado en la ignorancia, como son también hoy en muchos casos la educación, la política y la brujería.

Pero en el paseo por nuestras bellas tierras santandereanas quedaron también en claro otras verdades, como el hecho contundente del Festival de Música Colombiana y Sacra de San Gil, que prueba que las actividades culturales sí pueden ir de la mano con el empeño administrativo local; un bello ejemplo para que los alcaldes vecinos despierten esa sensibilidad que en alguna parte de nuestro fuero interno todos tenemos. Y en ese paseo quedaron en claro una vez más los 40 años de atraso de nuestras carreteras, y que no mejoran, ni en amplitud ni en estado físico, a pesar de la invasión de vehículos que crece a diario con el comercio inclemente. Y claro es también el desamparo de los viajeros frente a los concesionarios de los peajes, que escupen sin asco su desprecio por quienes pagan y reclaman por sus derechos como contribuyentes frente al antediluviano estado de la vía y a la negligencia en la labor del cobro, que obliga a kilómetros de cola para el turno de pasar por la caseta.

Pero eso no es todo; la vía entre Bucaramanga y San Gil, con dos peajes, cambió el concesionario en uno de ellos, y por esta razón no puede agilizarse el proceso con el pago doble en una de las casetas, y el servicio de ambulancias y grúas, entre otros, a que están obligadas estas concesiones para atención en la vía, no ha sido tenido en cuenta, sencillamente “porque, señor, ya no es el mismo concesionario”. ¿Y eso qué tiene que ver?; si cambia el concesionario, las obligaciones continúan, y el nuevo concesionario debe invertir el dinero en el mejoramiento de la vía y en los servicios; ¿quién presta, entonces, el servicio de ambulancia y de grúa?

Respuesta: “Señor, este es otro concesionario; ya se lo dije. Muévase para que los demás paguen”.

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