Publicado por: Puno Ardila
El viernes fue el día de la mujer que muchos habíamos querido todos estos años, contrario al que la sociedad quiere imponernos, que incluye serenata con rancheras que degradan el valor de la mujer como ser humano pensante y capaz. Un grupo de mujeres con sus torsos desnudos pintados salió a la calle a clamar por el agua y a protestar por la intrusión de las multinacionales en la vida social y en el desarrollo cultural de Colombia; pero detrás de esas dos posturas estaba la más interesante: demostrar el valor de la mujer colombiana, y que debe dejar de ser vista como ícono comercial y estigma religioso. Las mujeres tienen voz emancipadora, y están en contra de muchos procesos nacionales, pero aún les falta incidencia, y esto es parte de su proceso de reconocimiento.
Cuando ellas llegaron, las esperaba un grupo de defensores de las mineras, y ante el ensordecedor grito de “somos agua, tierra y vida”, Omar Rojas, un “desempleado por culpa de los ambientalistas”, insistía en que la culpa de todo es de los que defienden el agua, porque la comunidad del páramo espera que las multinacionales, aunque nunca han prometido nada, les proporcione bienestar presente y futuro, y seguridad. ¿Y el agua?: “El agua es nuestra –dice Omar–, y se la hemos estado regalando a ustedes por más de dos mil años” (vean ustedes, y yo siempre creí que el agua es de todos, y no del que está más arriba).
Pero no no se trata de estar en contra o a favor de la minería artesanal, que es parte de la cultura, sino del afán de las multinacionales de explotar al pueblo colombiano, y de su inconsciencia frente a los recursos naturales, y el viernes fue aprovechado para entregar un mensaje claro de que el día de la mujer no es seguirle el juego al consumismo, sino la oportunidad para compartir el dolor de las mujeres muertas que dieron razón a este día. “No queremos más florecitas ni chocolates; queremos tener incidencia en el país –dijo Marcela Quintero–; la vida no es sencilla en Colombia, y queremos por lo menos tener bienestar social. Estamos peleando en conjunto por una Colombia digna, y eso es lo que las multinacionales y sus defensores deben entender”.










