Viernes 17 de Junio de 2011 - 12:01 AM

El Doctor Galvis Galvis

Alejandro Galvis Galvis fue un paladín de la palabra hablada y escrita. Como tal, ningún otro homenaje a su memoria puede hacerse que el de recordar sus luminosos escritos y el estilo ponderado y agudo que utilizaba para expresar su pensamiento.

Hoy hace treinta años, falleció en Bucaramanga Alejandro Galvis Galvis, el fundador de este diario y su director y faro intelectual durante toda su existencia.
Alejandro Galvis Galvis fue un paladín de la palabra hablada y escrita. Como tal, ningún otro homenaje a su memoria puede hacerse que el de recordar sus luminosos escritos y el estilo ponderado y agudo que utilizaba para expresar su pensamiento.
En editorial del 16 de enero de 1920, observó: "Nosotros somos los primeros en reconocer que la religión católica, como todas las religiones habidas y por haber, tienen pleno derecho de propagar sus doctrinas por medio de la persuasión y del consejo; respetamos las ideas y creencias de los demás, así como la inviolabilidad de la conciencia individual, pero a la vez queremos que por ley de correspondencia y por espíritu de tolerancia, se respeten nuestras ideas y creencias, y las de todos aquellos que no pensaron ni con unos ni con otros. Sólo así podrá establecerse la armonía, fundada en la tolerancia y en el respeto mutuo, como base constitutiva del organismo social, y llegaremos a un estado de civilización superior, en la que podamos departir amenamente el católico y el protestante, con el libre pensador y el budista, con el materialista y aún con el ateo".
Hace 91 años, en la fiesta del trabajo del año 1920, Alejandro Galvis Galvis, que entonces tenía 29 años, pronunció un discurso en el que señaló: "El trabajo no es un inri de infamia y servidumbre; es la más alta, la más sublime de las virtudes con que la humanidad fuera dotada y el poderoso antídoto contra los dolores de la vida y el hastío de haber nacido. Trabajad y olvidaréis vuestras penas, y amaréis la existencia con infinita delectación, porque en el trabajo encontraréis la fuente inagotable de todas las consolaciones y el faro luminoso para alumbrar vuestra vida. Yo sostengo la legitimidad de todo ideal de justicia colectiva, siempre que arranque del conocimiento indispensable, exclusivo, de la necesidad y la nobleza intrínsecas del trabajo. El cardenal Mercier está en lo cierto: el placer no es, ni mucho menos, el total de la vida. Lo queráis o no, sufriréis. Y sólo lograrán implantar en parte su ideal de justicia, aquellos pueblos que aciertan a sostenerlo por entero con la virtud del trabajo. Justicia y trabajo debemos pedir a pulmón lleno".
En 1921, en la celebración del segundo aniversario de La Vanguardia Liberal, que así se llamaba entonces, y en presencia del jefe del partido liberal, el General Benjamín Herrera, Galvis Galvis dijo en un discurso: "Los dardos emponzoñados del odio muchas veces han pretendido acallar el grito de la rebeldía, que brota espontáneo del periódico liberal cuando es preciso censurar torcidas actuaciones del gobierno, o prevenir nuevos atentados contra el derecho de los ciudadanos, o hacer entrar a las autoridades por el camino del deber".
Hombre de criterio, hombre de juicio y discernimiento, hombre apegado a la cordura y a la razón, hombre sensato y de convicciones, hombre de principios y de conceptos, fue Alejandro Galvis Galvis. No es de extrañar la portentosa presencia que mantuvo en la vida nacional, ni la admiración que concitó, y concita, su nombre.

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