La falta de educación, la escasez crónica de cultura y respeto hacia los semejantes, así como el desconocimiento profundo de las más elementales reglas de convivencia, llegaron a niveles críticos e intolerables.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Desde cualquier punto de vista que se analice, de todos los ángulos que se mire, la idea solo se puede calificar como excelente.
El proyecto del alcalde de Bucaramanga Luis Francisco Bohórquez, de crear una Escuela de Convivencia, Tolerancia y Seguridad Ciudadana, a la cual deberán asistir todas las personas cuyo comportamiento frente a la ciudad y sus semejantes no sea cívico, le estaba haciendo falta a la capital de los santandereanos desde hace lustros.
Lustros en los cuales la falta de educación, la escasez crónica de cultura y respeto hacia los semejantes, así como el desconocimiento profundo de las más elementales reglas de convivencia, llegaron a niveles críticos e intolerables.
Es que en Bucaramanga, los vecinos ruidosos acostumbrados a poner música a todo volumen hasta altas horas de la madrugada, las personas que arrojan basura a las calles sin vergüenza alguna, así como los individuos agresivos, protagonistas de todo tipo de escándalos en las vías públicas, para poner algunos ejemplos, se convirtieron en la regla de esta urbe y no en las contadas excepciones como se esperaría de cualquier sociedad civilizada.
Por esas y muchas otras razones más que no se pueden enumerar porque ocuparían demasiado espacio, tales como la inexistencia en los pensum académicos en los planteles educativos de la ciudad de clases para enseñarle a la ciudadanía desde sus primeros años los principios más básicos de convivencia, es que la decisión del Alcalde de crear esa nueva institución, debe ser recibida con aplausos y apoyada con determinación.
Porque es precisamente de ese punto, del apoyo y la constancia que reciba tanto por parte de la ciudadanía como de las autoridades mismas, que deben sin excepción alguna obligar a los infractores a acudir a la Escuela, que depende el éxito y la continuidad de la misma.
Sin lugar a dudas, el cumplimiento de la meta que nace con la Escuela de Civismo en torno a crear una ciudad más amable, ordenada y limpia, donde las riñas, las peleas y los accidentes de tránsito no estén a la orden del día, depende de la insistencia en el tema por parte del Alcalde, para quien por el momento la única sugerencia que se le puede hacer sobre el tema desde estas líneas, es que incremente el presupuesto de 200 millones para el proyecto, que a primera vista pueden parecer insuficientes.









