Domingo 08 de Julio de 2012 - 04:22 PM

La curiteña que heredó el gusto por la historia de Santander

Ayudó a la familia del presidente Juan Manuel Santos a reconstruir su historia y cautivó a Luis Carlos Galán Sarmiento con sus discursos históricos en la plaza pública de Socorro. Así ha sido la vida de la ‘profe’ Ana, una reconocida historiadora empírica, orgullo de Curití.
Jaime del Río/VANGUARDIA LIBERAL
La curiteña que heredó el gusto por la historia de Santander
(Foto: Jaime del Río/VANGUARDIA LIBERAL)

Despelotado y con el corazón en la mano. Así recuerda la ‘profe’ Ana Isabel Urrea Zafra a uno de los concejales de Curití que entró a su salón de clases pidiendo ayuda, a menos de 48 horas de la llegada de Francisco Santos Calderón y una comitiva compuesta por sobrinos, tías abuelas y uno que otro colado, que buscaban reconstruir su árbol genealógico.

Todo debía estar listo para antes del mediodía del 17 de julio de 2010. En la tarde arribaría el grupo de capitalinos, descendientes de la heroína Antonia Santos Plata, sin el presidente electo Juan Manuel Santos, quien asumiría la Presidencia pocos días más tarde.

Don Joaquín, con un chicote en la mano, recuerda que “ligeritico” –rápido– el Alcalde mandó a podar el cementerio laico, a limpiar las tres tumbas que quedan –entre esas la de Francisco Santos, bisabuelo del hoy Presidente– y a poner un par de sillas.

¿Quién iba a dar el discurso de bienvenida? Fue entonces cuando Ana Isabel, una vez más tomó la vocería como autoridad en la historia de su pueblo y de Santander.

Pocos en la región se enteraron de lo que aconteció ese día en Curití, pues la familia Santos pidió mucha discreción. A las 4:00 de la tarde arribó el bus. Francisco Santos pidió que la actividad se hiciera en el parque, a pesar de estar organizada en la Casa de la Cultura.

Esta profesora curiteña, que desde hace 32 años trabaja en investigación histórica, que durante décadas se encargó del archivo y de la casa de la cultura de Socorro –sólo por no separarse de los amarillentos y empolvados libros que conservan los mejores pasajes de la revolución comunera–, dejó con la “boca abierta” a ‘Pachito’ Santos, vicipresidente de Colombia en ese momento, y a toda su familia.

Ana Isabel Urrea Zafra, de 60 años, hace doce meses abandonó las aulas porque una grave enfermedad le robó la tranquilidad. Esta mujer de estatura mediana, que habla sin parar y que asegura que todo el que llega a ella es porque tiene ganas de aprender historia, una vez más se robó los mejores aplausos de sus paisanos.

Mis anécdotas

“Ese día le conté varias anécdotas a los Santos, como la visita de su tío abuelo Eduardo Santos Montejo, expresidente de Colombia (1938 – 1942), hace 72 años, cuando vino a llevarse los restos de su padre, Francisco Santos Galvis. Ese día los curiteños le prestaron más atención a los carros lujosos que entraron al pueblo que al acto protocolario. ¿Y cómo no? Si en ese entonces aquí sólo existía una buseta.

Les dije que por su cuerpo corría la sangre de Antonia Santos Plata, que el hermano de esta heroína, José María Santos Plata, se casó con la curiteña Facunda Galvis Galvis y que de esta forma las dos importantes familias sembraron sus semillas y dejaron una gran herencia en estas tierras del fique y el arequipe suave.

Sorprendidos escucharon que de esta unión nació Francisco Santos Galvis, bisabuelo del hoy Presidente, Juan Manuel Santos, quien fue un reconocido jurista de la época y que hacia 1900, tras padecer una grave enfermedad, decidió quitarse la vida.

El vicepresidente se comprometió a regresar los restos de su bisabuelo a Curití y enterrarlos en el cementerio laico, pero desde ese día no han vuelto. Creo que no tienen la culpa, si los gobernantes no se lo piden, pues qué se puede hacer. Hemos sido muy desafortunados con estos políticos”, añade la ‘profe’.

Junto a Galán

El mejor plan de Ana Isabel y su hija es empacar maletas e internarse por días en el Archivo General de la Nación. Así logran resolver las dudas de algunos lugareños que las consultaban.

En sus travesías ha hecho amigos y admiradores. De esta forma ha podido acompañar a grandes personalidades como Luis Carlos Galán Sarmiento. Según cuenta Ana Isabel,  “se dio el lujo” de estar junto al fallecido líder liberal en algunos de sus recorridos por Santander; el 2 de mayo de 1989 específicamente, cuándo éste adelantaba su campaña a la Presidencia.

Recuerda que una senadora de apellido Rugeles, oriunda de San Gil, le pidió que le ayudara con el discurso para recibir a Galán, pocas horas antes de que éste se montara en la tarima de la plaza de Socorro.

“Hágase unas palabritas, ayúdenos Ana, si no vamos a quedar muy mal”. Esto le decía la congresista a la ‘profe’. Pero la educadora estaba reacia. Su hija se encontraba enferma y como toda madre, no quería separarse de su lado. “Por la niña no se preocupe, le ponemos enfermera”. Ante esta frase Ana Isabel no tuvo más remedio que aceptar.

“No hablé de política sino de la grandeza de Santander. El doctor Galán corrió la silla y se sentó frente a mí a escuchar mis palabras. Cuando terminé mi discurso, me aplaudieron y me alzaron en hombros. Galán me llevó con él al Club del Socorro a comer con mucha gente encopetada. ¡Lástima! Creo que si no lo hubieran matado yo hubiera sido hasta Ministra de algo”, añade. 

La historia de mi pueblo

“Hoy descanso en mi casa en Curití, recorro la plaza principal casi a diario y paso por el monumento de Francisco Santos Galvis, ubicado al lado de la iglesia.

Tengo el material para escribir muchos libros de historia y ya estoy buscando la financiación para sacarlos adelante. Espero que el apoyo provenga de cualquier rincón.

Una de las historias que más me apasiona es la de mi pueblo. A pesar de haber abandonado Curití a la edad de 11 años, porque allí no existían colegios de bachillerato, y de estudiar en el Socorro, nunca lo he olvidado. Por algo regresé y aquí me quedé.

Durante varios años estuve en Villanueva trabajando como profesora. Alfonso Valdivieso, ministro de Educación en ese entonces, me reconoció como docente del magisterio y durante 21 años me dediqué a esta labor.

Regresé a mi pueblo porque muchos paisanos me pidieron que les ayudara con el tema del turismo, formando guías de patrimonio.

Estando en esta labor descubrí más datos sobre mi región. Por ejemplo, que la fundación de la iglesia de Pinchote se logró porque el hombre al que le pidieron que donara los terrenos le dio un infarto y cayó en la mitad del parque antes de aceptar; que en 1690 llegaron a  Curití y Socorro varios grupos de españoles; que en mi pueblo se alojaron los menos adinerados y que a la capital comunera llegaron los que tenían apellidos acompañados por ‘De’.

Conocí más historia sobre los indios de Curití, que con sus tejidos de cabuya tendían puentes sobre las quebradas y que sus lazos servían como guayas para pasar la carga; que en 1642 los españoles negociaron los terrenos con nuestras tribus y que fijaron terrenos para sus resguardos entre las quebradas de Curití y del Cuchicute; que hasta ese momento le duró la felicidad a los indios, porque les tocaba tejer mantas para el encomendero, pagar tributo y no podían ser libres en su propio territorio.

También he tenido en mis manos documentos muy valiosos, de 1670, por ejemplo, donde se les pedía a los indios que abandonaran estas tierras y se marcharan rumbo a Guane, pero éstos no aceptaron e intercambiaron 18 notas con el gobierno español donde señalaban: “Vivimos los unos con los otros y nos hemos casado unos con otros. Vivimos en santa paz y tenemos una iglesia con dos campanas muy buenas”; es decir, nuestra iglesia de Curití”.

Lo que falta por escribir

Los relatos de Ana Isabel no tienen fin y menos si la persona que la oye la toma del brazo y recorre cualquier rincón de Curití.

Uno de los más bellos explica por qué la iglesia de este pueblo tiene una especie de patio en la entrada, por qué sus piedras no son uniformes y por qué le hace falta una campana.

Ella asegura que todo data del año 1670, cuando los indios que habitaban la zona de la quebrada Curití construyeron la iglesia principal del pueblo, hoy llamada San Joaquín, de la que sólo se conserva su frente construido en piedra rodada, mezclado con argamasa (mezcla de cal, arena y agua). “Cien años después, un grupo de curiteños pidió cita con las autoridades eclesiásticas sólo para que les dieran autorización de tumbarla y así se han disputado por siglos este lugar”, recuerda Ana Isabel.

“Y se me olvidaba, le falta un campaña porque según me contó mi hermano, una noche cayó un rayo y la tumbó. Eso pasó en 1940. Entonces Eduardo Santos mandó a hacer una torre nueva, con reloj, que fue inaugurada el 9 de abril de 1950”, añade.

Despedirse de Ana Isabel cuesta mucho trabajo y más si ella termina su recorrido histórico en lo que un día fue el Cementerio Laico del que hoy sólo se conservan cuatro lujosas tumbas.

“De esto le cuento poquitico…Dejemos algo para la próxima visita. Los dejo descansar, que tengan un buen viaje…”.

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