Cuando le sucede algo ‘malo’, de pronto usted le pregunta a Dios: ¿por qué a mí? Y lo grave es que se queda ahí, en el plan de las lamentaciones; sin prever que la tristeza se le pinta en la cara. Son épocas de estrés que lo llevan a estar por el piso a toda hora.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Si se enfrasca en la pregunta del ‘¿Por qué a mí?, los circuitos internos de su cuerpo provocarán chispas.
Se volverá pesimista, susceptible y hasta amargado. Se preocupará por todo lo que tiene que hacer y le apostará a la negatividad.
Lo que realmente necesitamos, en medio de la aflicción que lo carcome, no es una explicación admisible, sino la capacidad de soportar lo que le venga encima sin derrumbarse emocionalmente, ni mucho menos amargarse espiritualmente.
Claro está que aceptar las cosas, desde ningún punto de vista, significa volverse apático. ¡Ni más faltaba!
Hay que ver las cosas con serenidad y asumir los retos.
El aceptar la vida como Dios ha permitido que le llegue, no significa ningún tipo de resignación fatalista, ni cruzarse de brazos.
Es cierto: lo inevitable hay que aceptarlo. Luchar contra eso sería tanto como querer derribar una muralla de piedra a ‘cabezazos’.
Sin embargo, la vida continúa y a los problemas hay que enfrentarlos, pero con los pies en la tierra.
Puede ser que la solución no llegue de una manera fácil; pero igual tenemos que mirar para el frente.
Las líneas que hoy escribimos están destinadas a ayudarlo a tener más fuerza para perseverar en sus metas y, sobre todo, para no dejarse ‘achicopalar’ por las vicisitudes.
¿Quién no ha pasado en esta vida por una adversidad?
Necesita mirar la vida de otros y aprender que nadie pasa por este mundo sin llorar.
Ante las circunstancias difíciles, puede cambiar la forma de ver las cosas. Mejore su actitud y encuéntrele sentido a la modificación que la vida misma le ha dado.
Caerse, para tener la oportunidad de volver a levantarse, no es caer.
Uno no puede vivir con el agua hasta el cuello. Hay que sacar la cabeza y el cuerpo a la superficie, para nadar y sobrevivir.
Hay que actuar y, para ello, debe convertir su mundo en algo más atractivo.
Suena fácil y bonito, pero ¿cómo hacerlo?
Hay algunas tácticas para lograrlo. Varias de ellas consisten en conservar la cordura, estar centrado y recurrir al sentido común.
Incluso debe confiar en que lo que le está ocurriendo, a pesar de las apariencias, es para su propio bien. Todas las experiencias de la vida le sirven para aprender y para crecer.
Debe eliminar las dudas y tratar, en la medida de lo posible, de mirarse con menos rigor. En este orden de salidas a la angustia que lo agobia, hay otro secreto: vivir con pasión aquello que vaya a emprender.
Es ahí cuando se debe pensar en aquellas cosas que encienden su ánimo. Si las cosas se hacen con ganas, todo fluye. Notará que, de repente, oportunidades inesperadas llegan a su vida.
A medida que usted mismo vaya formando su pasión por las cosas, así ellas sean pequeñas, la vida misma se encargará de recompensarlo.
Preguntas y respuestas
¿Alguna vez sintió el deseo de hacer una cosa agradable por alguien que no conocía?
... Fue Dios, que le habló a través de ese ser que usted ayudó.
¿Alguna vez sintió tristeza y soledad y, de pronto, alguien cercano a usted apareció en su vida?
... Fue Dios que le envió la compañía que tanto necesitaba.
¿Alguna vez pensó en alguien que le es querido y no veía hace mucho tiempo y, de repente, le apareció esta persona?
... Fue Dios el que se lo trajo, porque la casualidad no existe.
¿Alguna vez recibió algo maravilloso que no había pedido?
... Fue Dios que conocía muy bien los secretos de su corazón.
¿Alguna vez estuvo en una situación muy problemática sin tener idea de cómo resolverla y, de buenas a primeras, la solución apareció?
... Fue Dios que tomó sus problemas en sus manos.
¿Alguna vez sintió una inmensa tristeza en el alma y, de repente, como si un bálsamo fuese derramado, le surgió una paz inexplicable que invadió todo su ser?
… Fue Dios que lo consoló con un abrazo y le dio esperanza.
¿Alguna vez se sintió tan cansado de la vida a punto de querer morir y, de repente, un día sintió que tenía la fuerza suficiente para continuar?
... Fue Dios que lo cobijó en sus brazos y le dio descanso.
Recuerde: Las cosas son mejores, cuando usted permite que sea Dios quien esté al frente de todo.
Top 10
Diez “hechos” convierten en “malas” las acciones de los hombres: tres son pecados del cuerpo, cuatro de la lengua y tres del ánimo.
Los tres primeros son: el homicidio, el robo y el adulterio.
Los pecados de la lengua son: la mentira, la calumnia, la injuria y la palabra ociosa.
Entre tanto, los pecados del ánimo son: la avaricia, el odio y el terror.
¿Cuántos de ellos ha cometido usted?
Bella historia
Un niño de 4 años estaba con su pediatra. Mientras el doctor le revisaba los oídos con el otoscopio, le preguntó:
- ¿Crees que adentro me encontraré al Pato Lucas?
La niña permaneció en silencio. Enseguida el doctor tomó el baja lenguas y mientras revisaba su garganta lo volvió a cuestionar:
- ¿Crees que ahí dentro me encontraré al monstruo galletero?
Y de nuevo la niña no contestó nada. El doctor puso el estetoscopio en el pecho de la niña y mientras escuchaba su corazón le preguntó:
- ¿Crees que escucharé a Barney ahí adentro?
¡Oh, no!, contestó la niña, Barney está pintado en mis zapatos; en mi corazón está Dios.
Recuerde que...
… Si alguno de ustedes está afligido, ore.
… Si alguno está contento, cante alabanzas.
… Si alguno está enfermo, no pierda la fe.
… Si alguno está triste, recuerde las cosas buenas que la vida le ha dado.
... Pídale a Dios con fe y verá que se irán los temores. Eso sí, tiene que tener paciencia, sin dudar nada; porque el que desconfía es como si fuera una ola de mar, que el viento lleva de un lado a otro.















