Continúo presentando caminos que considero correctos para buscar los dineros con el fin de tapar el hueco presupuestal, sin esquilmar los bolsillos ya exánimes de la clase media. El presupuesto de la de la DNP (División Nacional de Protección) debe reducirse, lo mismo que las numerosas escoltas y carros blindados para proteger a ciertos funcionarios o exfuncionarios públicos, quienes deberían compartir con los demás ciudadanos la situación de inseguridad. Debe terminarse el desangre de los dineros de las regalías en elefantes blancos y obras innecesarias, mientras falta plata. Miremos al Cerro del Santísimo. ¿Cuántos millones acaba de despilfarrar Floridablanca invitando a Maluma? Acabar con esa mafia de abogados que saquean con sus pleitos el erario público. Y busquemos dineros por otros caminos con nuevos impuestos para quienes pueden pagarlos castigando los lujos, lo mismo que los vicios, las bebidas envasadas, los juegos de azar y la especulación comercial y financiera. La legislación sobre las herencias debe ser reajustada. Los impuestos deben crecer progresivamente de acuerdo con su monto. Los únicos herederos deben ser esposa e hijos, no esos vagabundos sobrinos etc., que solo se interesan por el finado cuando estira la pata. Las grandes herencias conducen a grandes fracasos. La experiencia enseña que los hijos, la mayoría de las veces apenas si son capaces de administrar productivamente su legado y los nietos terminan saqueándolo. Los dineros ganados sin esfuerzo propio conducen al fracaso. Quienes no están de acuerdo con tales limitaciones tienen muchos caminos para arreglar sus asuntos en vida. Los potentados deberían seguir el ejemplo del multimillonario Warren Buffet, quien donó el 95% de sus bienes a la fundación de Bill y Melinda Gates. Pero la mina de oro que los gobiernos no han podido (López Pumarejo y Lleras Restrepo) o atrevido explotar, está en los impuestos a los grandes latifundios improductivos y los lotes de engorde en las grandes ciudades. El camino de la renta presuntiva podría ser uno de ellos, sin desanimar o ahogar a los “verdaderos” empresarios del campo.