El fútbol es más que un juego, es una actividad en sí misma civilizadora y educadora como lo son la lectura, las artes y las letras. Nuestra selección, como las de los demás países, no es un mero equipo de nuestros mejores genios del balón, es un resumen y un símbolo de nuestro país. Por eso todos unidos, olvidando géneros, regionalismos, clases sociales, razas, profesiones, vibramos juntos con ella y la acompañamos, sufrimos o gozamos, en sus triunfos y derrotas.Espectáculos como los mundiales de fútbol nos invitan a unirnos como país, como seres humanos y como habitantes de un mismo planeta, copartícipes de una misma suerte. Son una invitación a compartir, a convivir, a vivir en paz. Más allá del espectáculo son acontecimientos humanos, sociales y políticos. No se necesita ser su aficionado para comprenderlo.Todo en el fútbol invita a competir civilizadamente. El reglamento, las tarjetas, el juego limpio, el intercambio de gallardetes, los niños acompañantes, el abrazo entre los entrenadores, el respetuoso saludo a los árbitros, el silencio de unos y el canto entusiasmado de otros cuando suenan los acordes de los símbolos patrios, la superación del racismo, el sexismo y toda clase de discriminaciones, son una invitación a la conciencia de que a pesar de los conflictos y las diferencias somos todos hermanos en una sola humanidad. Los excesos y metidas de patas de algunos jugadores, hinchas o barras, son excepción, resabios culturales, señal de que estamos siempre en un camino, un aprendizaje de humanidad.Las selecciones nacionales representan todo un país en sus diversas regiones, razas, e ideologías. Vemos competir a jóvenes de clase media con otros salidos de las barriadas, de grandes ciudades y pequeños pueblos, algunas víctimas de la discriminación y la violencia, que encontraron en el fútbol un camino a sus aspiraciones de grandeza y con grandes esfuerzos la lograron.Asombra ver esas enormes manchas amarillas de compatriotas en los estadios de lejanos mundos rebosantes alegría, solidaridad y patriotismo. El mundial fue una brisa serena después de un certamen electoral protagonizado por el miedo, el odio, la mentira y la confrontación.