Me costó trabajo encontrar una posición diferente al tema #Yo también, una cruzada feminista que se ha regado como pólvora, para acusar a muchos hombres con poder de usar esa posición de dominio para propasarse en el tema sexual con quienes trabajan. Pero encontré el otro argumento, válido.Las redes, los medios digitales, nos están llevando también a pensar de una sola manera como borregos y no ver las otras caras de la moneda, que tiene muchas.Catherine Millet es una escritora y crítica de arte francesa muy reconocida, que ve en el movimiento #MeToo, un regreso a la moral victoriana, puritano e impulsado para sacrificar a hombres, sobre todo, que no han tenido la posibilidad de defenderse. Y entre los que cometen abusos para conseguir favores sexuales, también debe haber muchas mujeres agazapadas.Millet habla del derecho a importunar, es decir que no todo roce, o “pedida” es para considerar como cerdos a todos los hombres, sobre todo porque siempre cabe la posibilidad de decir que no.Si una estrella de cine recibió hace 20 años 120 mil dólares para callar el acoso al que supuestamente era sometida, tenía otra opción, denunciar en ese momento. Pero no se queda 20 años disfrutando del dinero y callando algo que supuestamente la afectó sicológicamente.Regular todas las relaciones humanas solo correspondería a una sociedad utópica, pero para allá parecen inclinarse ciertos movimientos sociales. Y no se trata de aceptar como válido que haya acosadores o tipos (y tipas) que crean que se lo pueden pedir a todo el mundo, son fastidiosos, malucos y pesados.Un profesor estadounidense fue despedido por mostrar imágenes del siglo XVIII, desnudos, para ser más exactos. A algunos padres puritanos les pareció que eso era pornografía y lo echaron.Dice Millet que hay que dejar de creer que la mujer siempre es una víctima, porque ese papel sí que hace daño para lograr mejoras en cualquier ámbito social. Yo creo lo mismo, la minusvalía también la hemos alimentado las mujeres, y de ahí que algunos sigan aceptando la idea de inferioridad.El empoderamiento femenino, tristemente desde el feminismo, lleva varias décadas ligado a las tetas y los “países bajos” del cuerpo de la mujer.