Dos nacimientos de estas aves en peligro de extinción, uno de ellos en Santander, sorprendieron a los protectores de la especie. Conozca detalles de cómo la vida surgió en medio de las condiciones más adversas.

¿Sabía usted que una hembra de cóndor pone un huevo cada dos o tres años, que su reproducción es todo un milagro y que solo algunos huevos logran empollarse?
Este dato no es menor, teniendo en cuenta que en Colombia hay cerca de 200 cóndores y que la especie está en peligro crítico de extinción. Lea también: ¿Qué pasó con los cóndores del páramo del Almorzadero que vencieron a la muerte?
La baja tasa de reproducción de esta ave agrava su situación de amenaza; por ello, que nazca un cóndor en el país es motivo de celebración.
La vida entre los riscos

El páramo del Almorzadero, en Santander, tiene un clima ideal para la producción de papa, la cría de ovejas, cabros y vacas, además de aguas cristalinas y montañas que son el nido del cóndor andino, una de las aves más grandes que sobrevuelan el país.
De los cerca de 30 cóndores que se sabe habitan, entre otras, las veredas El Mortiño, Tierra Negra y Cruz de Piedra, en Cerrito, y sobrevuelan el sector rural de Ancá, en San Andrés, ambos municipios de Santander.
Con ayuda de cámaras ‘trampa’, desde 2019 se desarrolla un programa de monitoreo de estas aves en los municipios de Cerrito y San Andrés, en Santander. Le puede interesar: Los guardianes del cóndor del páramo del Almorzadero en Santander
Este seguimiento a los cóndores incluye también su ciclo de reproducción. Precisamente, Carlos Andrés Suárez Grimaldos hace parte de la Fundación Parque Jaime Duque y es líder de monitoreo del cóndor en Santander.

En sus cerca de 10 años de trabajo ‘siguiéndole el vuelo’ al cóndor, ha tenido noticias de tres nidos de esta ave. Sin embargo, ninguno de ellos fue fértil. No obstante, esa historia cambió a finales del año pasado.
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“El 26 de diciembre de 2025 estábamos haciendo recorridos de avistamiento. Ingresamos a una zona montañosa de difícil acceso y notamos que un cóndor se metió entre las rocas, al parecer, a una cueva. De allí no salió en toda la mañana. Por experiencia, sabemos que ese comportamiento lo realizan cuando están incubando un huevo”, narró Suárez Grimaldos.
El monitoreo se repitió durante varios días y los expertos notaron un dato revelador: el cóndor permaneció entre las rocas durante varios días y dejó en evidencia que no estaba cuidando un huevo, sino un polluelo.

Cabe decir que los cóndores, hembra y macho, se turnan para incubar los huevos y este periodo tarda entre 58 y 65 días.
Con la certeza de que allí se encontraba un pequeño cóndor, el 30 de enero pasado se hizo un vuelo de dron sobre la zona cercana a la que se encontraba el nido. Allí se pudo evidenciar a uno de los padres fuera de la cueva y, al fondo, una pequeña cría del ave.
“En los últimos registros vimos que el polluelo ha crecido. Está casi igual de grande que sus padres, pero no tiene plumas. Es muy vigoroso, explora, mueve sus alas, brinca; esperamos que ya le comiencen a salir las plumas”, indicó el líder de monitoreo del Jaime Duque.

Por su parte, Fernando Castro, director de Gestión de Biodiversidad de la Fundación Parque Jaime Duque, señaló que el nido del páramo del Almorzadero “sería el primer nido activo de cóndor con un polluelo pequeño y de una población propiamente colombiana. Esto le da un valor agregado”.
El experto explicó que, cuando este polluelo cumpla siete meses, comenzará a hacer sus primeros vuelos. “Es una etapa riesgosa porque es un animal muy pesado. Los machos pesan entre 12 y 15 kilos y las hembras entre 8 y 10 kilos. Debe lanzarse desde cerca de 300 metros, con vientos fuertes, y dominar alas de más de tres metros de envergadura. Las fracturas o las muertes no se descartan en esta etapa”. Vea además: El turismo ‘vuela’ en el páramo del Almorzadero de Santander
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Castro agregó que “ojalá que todas estas áreas clave para la reproducción del cóndor tengan protección y se vincule a los campesinos en los procesos de conservación para que sean ellos quienes se encarguen de propagar el mensaje de la importancia de la especie”.
El ‘milagro’ en cautiverio
El Parque Jaime Duque también rescata cóndores que han sido heridos, envenenados o que hayan sufrido algún tipo de maltrato. Allí también se impulsa la incubación natural como estrategia para fortalecer comportamientos reproductivos de estas aves.
Como resultado de este proceso, el pasado 1 de mayo nació Cattleya, una pequeña cóndor hija de Katuma, un macho proveniente del Parque de la Conservación de Medellín, y Audrey, una hembra que llegó de un zoológico de Estados Unidos.
Cattleya nació de un huevo incubado artificialmente y su eclosión estuvo acompañada de expertos del parque. La hembra pesó 227,9 gramos y su nacimiento se suma al de Rafii en 2024, además de Wayra y Ámbar, en 2025.
Cabe destacar que los nacimientos en el Almorzadero y en el Parque Jaime Duque coinciden con un momento clave para la conservación en el país: la reactivación y actualización del Plan Nacional de Conservación del Cóndor Andino por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, un instrumento que no se actualizaba desde 2016.













