Lunes 12 de Febrero de 2018 - 09:36 AM

¿Ha sufrido acoso? Se identificará con estas historias

No es una exageración, no es un chiste: el acoso sexual, laboral, en la calle y en cualquier otra circunstancia, es una situación que afecta la calidad de vida de quien lo sufre. Cuatro personas que han vivido acoso, cuentan con valentía a Vanguardia Liberal sus historias con el único objetivo de hacer ver una realidad que tiene que cambiar.

El acoso sexual es, tanto desde el punto de vista social como desde el punto de vista legal, una disyuntiva para quienes lo sufren: si no actúa inmediatamente se juzga a quien lo vive y si se actúa, la ley opone tantas trabas que, finalmente, resulta en un mayor dolor y desgaste para quien se atreve a tomar cartas en el asunto.

Y esto tiene que cambiar.

El acoso sexual en Colombia es regulado por la ley 1010 de 2006 y por el artículo 210A del Código Penal, pero la abogada María del Pilar Carmona, investigadora de la Universidad de Los Andes, explica que esta ley no es suficiente.

En el tema del acoso sexual que se presenta en el trabajo, la experta explica que aún si se tienen pruebas, la primera medida es conciliar. Nada más.

“Es un procedimiento engorroso, no sirve a todas las situaciones”. Antes de juzgar a quienes relatan sus historias sin dar nombres, tanto los suyos como los de sus acosadores, es importante comprender que el acoso es, principalmente, una situación de desigualdad: alguien tiene el poder sobre el otro y está dispuesto a ejercerlo.

Le puede interesar: Coqueteo o acoso: ¿reconoce la diferencia?

Juliana Martínez, profesora de la American University, Wahsington, DC, coordinadora de proyectos de Sentiido.com y experta en temas de género, explica que “los acosadores escogen personas vulnerables”, y agrega: “Si queremos que las personas denuncien a sus agresores, tenemos que crear condiciones de seguridad (física, laboral y emocional) para que lo hagan, pues de lo contrario les estamos pidiendo que salten al vacío”.

El precio de un sueño

Cuando ingresé al grupo de teatro solo quería perseguir mi sueño. Tenía casi 18 años. Quería darle un sentido a mi vida y el arte es mi pasión. Luego comprendí que a las actrices y a los actores -particularmentea a las mujeres- se nos exige pagar un precio muy alto por nuestros sueños.

Los acosos del profesor de teatro hacia mí no se presentaron inmediatamente. Ahora comprendo que lo primero que hacen estos hombres de poder es medirte, tantearte, ganarse tu confianza y ver qué tan vulnerable puedes ser.

Le puede interesar: Diez conductas que los hombres creen 'inocentes', pero son acoso sexual

Y yo lo era, aunque quería mostrarme fuerte. Ellos lo son más y aprovechan su poder porque, además, no era la primera joven que sufría acoso. Sé que este tipo hace esto desde hace mucho tiempo.

El profesor es un hombre reconocido en la ciudad y lo primero que te dice, con insultos algunas veces, es que la vida es así, que el arte es así, que el mundo del teatro es así. Que tienes que exponerte y aguantar si quieres lograrlo.

Veía cómo molestaba a las demás actrices y luego, con el tiempo, empezó a acosarme. Yo me sentía incómoda, pero no entendía lo grave del asunto. Un acosador te dice que así funciona, que debes dejarte presionar para que aflore tu talento. Tuve que inventar que tenía un novio, tuve que inventar que tenía algo hasta con una amiga: quería evitar que siguiera persiguiéndome para que le aceptara una invitación a salir, para que me dejara tocar, para que me dejara dar un beso.

De hecho, una vez me agarró por la fuerza saliendo de un cuarto en la sala de ensayos y me besó. Me quedé en ‘shock’. No atiné a más que mirarlo con furia. Ese día decidí dejar el grupo y cuando por fin lo hice, me dijo que lo hacía porque no tenía talento. Luego de encontrar apoyo en otras mujeres, supe que esa es una forma de hacerte sentir que no tienes la razón. Pero sé lo que sentí.

¿Por qué no decirlo con nombre propio? Porque sé que ninguna otra persona que haya estado o esté allí me respaldará. Todos están tratando de perseguir sus sueños. Y tienen miedo.

La falta de respeto también es acoso

A mí mi mamá me enseñó que uno debía librarse de los problemas. Y traté de hacer eso siempre en mi vida. De verdad que aún con todo lo que dicen sobre ser gay, jamás he sido promiscuo, siempre he tenido una pareja estable y mi deseo es tener un hogar como cualquier otra persona.

Le puede interesar: Cómo decirle a un niño qué es ser gay

Sin embargo, a la gente le parece que la forma en la que llevo mi vida no merece respeto: mis colegas hacen chistes flojos sobre mí y me excluyen de las actividades de la empresa. Y, por otro lado, lo que me parece más triste, es que mi trabajo cada día se ve afectado porque a mi jefe tampoco le parece que mi forma de vivir sea válida.

No me acosa sexualmente, pero me deja trabajando hasta tarde, me apaga la luz cuando se va y yo sigo ahí en el escritorio, me reclama por errores que francamente no tienen razón de ser y constantemente se refiere a mí como si fuera una persona que no merece respeto.

Una vez me dijo en una reunión general que le explicara cómo tenían intimidad dos hombres, que él no entendía eso, que tan raro. Yo no pensé jamás que tendría que escuchar algo así. Mis colegas se reían, no sé si esperaban que respondiera, pero mi jefe sí esperaba que lo hiciera.

Por supuesto no dije nada. Con este tipo de situaciones tuve que seguir trabajando durante un mes más. Finalmente, para un día de la madre de 2015, me dijo que qué quería de regalo, que si yo era la mujer de la relación. Ese día decidí renunciar. No me ofende que crea que yo quiero ser una mujer o que soy una mujer, sino que use eso como un insulto. No todos los tipos de acoso son sexuales.

“Simplemente no quiero hacerlo”

Una vez me atreví a plantear de manera hipotética la situación con mis amigos y lo único que escuché fueron comentarios que me ridiculizarían si revelara mi realidad: qué clase de bobo no le hace caso a su jefa si está buenísima y fuera de eso, se le insinúa? Yo solo quería decirles que es incómodo.

Que no es como ellos se imaginan.

Mi jefa me presiona para que la deje acercarme a mi casa y me pone la mano en las piernas, me hace ir a la oficina a hablar por horas y a veces incluye temas sexuales.

Y sí, es bonita, pero yo de lo único que tengo ganas es de hacer mi trabajo y llegar a la casa con mi novia y listo, tener una vida relajada.

Le puede interesar: Acoso sexual: ¿Es víctima?

Cuando ella ve que no le sigo la cuerda, me dice que hay gente que no pone de su parte y que no quiere avanzar en la vida, que ponen en peligro su carrera. Una indirecta muy directa.

A veces me envía fotos un poco subidas de tono al WhatsApp, obviamente las borro en seguida.

Le puede interesar: Cómo lidiar con ese ‘intenso’

Sigo viviendo la situación porque no puedo ni quiero perder el trabajo, es la mejor posibilidad para mi carrera. Solo trato de tomar la distancia que puedo. ¿Por qué no denuncio? Por todo lo que ya he mencionado. Esto no es importante ni grave para nadie. Y no debería ser así.

 

Cuando se abusa del poder

 En mi trabajo tengo que vestirme como el prototipo de lo que se le pide a la mujer porque la idea es promover la venta de un producto. Yo coordino a las chicas que lo venden, se me exige que use una vestimenta particular, lo sabía y acepté el contrato. 

Sin embargo, a veces a la gente -a algunos hombres, principalmente-, se les olvida que trabajo es trabajo y no porque uno acepte esas condiciones significa que serán bienvenidas todas las insinuaciones y gestos grotescos que hacen todos los días cuando yo paso.

Para mí eso es acoso, pero bueno, digamos que una se hace la loca y listo, los deja ver como lo patéticos que son.

El verdadero problema es el dueño de la compañía, ni siquiera mi jefe. Las anteriores mujeres que ocuparon el cargo aceptaban las insinuaciones y hasta salían a comer con él, se dejaban acariciar las piernas y manosear. Lo sé porque mis propias compañeras me lo han contado.

Le puede interesar: ¡Tenga siempre una respuesta inteligente!

Pero yo no estaba dispuesta a soportar eso. Yo vengo es a trabajar. Los otros hombres de la empresa dicen que el tipo es un “conquistador” porque es simpático y huele a rico y supuestamente por eso a todas nos debe gustar. Pero pues a mí no me gusta. Me parece grosero y vulgar. Pero él creyó que por el hecho de que le celebraban todo, entonces yo también iba a caer rendida.

Primero empezó con esas típicas frases bobas: que yo era divina, que podía ser actriz. Yo no sé si ellos piensan que una de verdad se cree esas tonterías. Luego, como me puse seria porque ya estaba cansada, entonces empezó a organizarme horarios más difíciles.

Yo le reclamé y él me dijo que si quería un mejor trato, tenía que salir con él o dejarme tocar. Le dije que no.

Mi deseo es renunciar, estoy esperando el mejor momento, pero eso haré. Simplemente, no me parece justo. Yo lo que quiero es trabajar. 

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
¿Cómo planear tu boda?
La boda es quizá uno de los momentos más importantes para cualquier pareja, por eso es importante pensar en cada detalle. Actualmente muchos novios...
Publicidad
Publicidad