Según la mitología griega, Zeus, ofendido porque Prometeo había entregado el fuego sagrado a la humanidad, resolvió vengarse de éste creando a Pandora y dándole, antes de entregarla a la Tierra, un regalo que terminó siendo una caja, la cual no podía ser abierta jamás.
Pandora terminó enamorada de Epimeteo, hermano de Prometeo, quien había sido advertido de no confiar en los regalos de Zeus.
La curiosidad, que siempre ha matado al hombre, hizo que Pandora abriera la caja y, al hacerlo, escaparan de ella todos los sufrimientos que acosan a la humanidad: la vejez, las enfermedades, la guerra, el hambre y la muerte, cambiando la perspectiva humana que hasta entonces había vivido libre de males. Asustada por ello, cerró la caja rápidamente, logrando que en ella quedara Elpis, el espíritu de la esperanza, y de allí la afirmación de que ésta es la última que se pierde y ha sido con ella como la humanidad ha enfrentado las penurias de la vida.
La esperanza es una actitud optimista, basada en que algo que se desea es posible o va a suceder; es un componente de fe y resistencia que nos permite visionar un escenario positivo de futuro.
Hoy es la esperanza la que nos mantiene optimistas y con deseos de volver a hacer cosas que habíamos dejado en esta horrible noche que terminó el 21 de junio pasado.
Colombia está viviendo la ilusión de un futuro, por lo menos diferente, pues la perspectiva de que el gobierno no esté en manos de nuestra clase política permite, como hasta ahora lo vemos, escoger ministros por su capacidad y no por los compromisos adquiridos para ser elegido.
Habrá cambios que permitirán la recuperación del país quitándoselo a los grupos guerrilleros que tuvieron cuatro años de fiesta, protegidos por un gobierno que literalmente les entregó el poder real, ése que ahora tendremos que recuperar para volver a ser un país vivible, lejos del poder omnímodo de las armas de quienes se consideran gobiernos locales para poder mantener sus imperios criminales.
Habrá que recuperar la economía deprimida por la falta de una perspectiva de progreso y amenazada por un gobierno que odia a los generadores de empleo formales, lo cual llevó a que las proyecciones de futuro se aplazaran porque no se sabía cómo sería el destino por venir.
Todos debemos apoyar al gobierno para que pueda volver a imponer el orden que se perdió por el intento de establecer un modelo de socialismo que ha fracasado donde quiera que se ha implementado.
La esperanza es lo último que se pierde y, por ello, estamos convencidos de que saldremos del hueco a donde nos llevaron.











