Domingo 19 de Abril de 2015 - 12:01 AM

Las bandas reclamantes de tierras

A lo largo y ancho del país, y con gran presencia en Santander, han nacido auténticas bandas de estafadores, carteles de víctimas falsas cuyo único fin es reclamar lo que jamás les ha pertenecido

Hecha la ley, hecha la trampa, es uno de esos conocidos aforismos en Colombia que lamentablemente tienen mucho asidero en la realidad. Demasiado, para ser más exactos.

Y es que precisamente esa máxima es la que se está aplicando con la ley de tierras, una idea que en principio y sobre el papel es digna de aplauso.

Y es digna de aplauso, porque ese proyecto, creado para devolverles a miles de colombianos propiedades que les fueron arrebatadas por la fuerza y de las cuales fueron expulsados de la manera más arbitraria y hasta violenta posible, es una deuda que tenía la sociedad entera con ellos. Se trataba, simplemente, de hacer justicia.

Y se ha hecho. Pero no en todos los casos, porque haciendo referencia a la máxima expresada en el primer párrafo de este espacio editorial, no bien se firmó la ley de restitución de tierras, cuando comenzaron a aparecer los delincuentes y deshonestos de siempre para sacar provecho de la situación. Un provecho totalmente ilegal, digno del más bajo de los ladrones.

Es que ya no se trata de un rumor. Hasta el mismo superintendente de notariado y registro, Jorge Enrique Vélez, se ha referido al asunto. A lo largo y ancho del país, y con gran presencia en Santander, han nacido auténticas bandas de estafadores, carteles de víctimas falsas cuyo único fin es reclamar lo que jamás les ha pertenecido.

Sí. Para lograr sus objetivos, es decir, quedarse con tierras y predios que han sido adquiridos legalmente por sus actuales dueños y de los cuales jamás fueron expulsados u obligados a vender, no reparan en mentiras, en inventar testigos o en falsear declaraciones para torcer la ley y engañar al Estado.

La situación ha llegado a tales límites, que se han llegado ya a cometer atropellos injustificables contra personas que adquirieron fincas de buena fe; fenómeno que de multiplicarse, puede fácilmente volver a generar un conflicto por la tierra en el futuro.

Sin embargo, algo preocupa más. El Estado es consciente de lo que está sucediendo, pero no se sabe de acciones serias ni contundentes para combatir este tipo de delitos.

La ley de restitución de tierras, hay que insistir, tiene un espíritu bueno. Una meta noble. Pero la están desfigurando y de prosperar esos abusos se puede fácilmente llegar a un final igual o peor al principio del que se comenzó.

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