Mientras el sector privado ha cumplido con su parte, no solo desde el punto de vista hotelero sino también en cuanto a oferta gastronómica, su contraparte pública continúa siendo un auténtico desastre.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
E l esfuerzo privado ha sido grande. El compromiso se nota. La apuesta del medio hotelero por Santander y más recientemente por Bucaramanga y su área metropolitana, es más que evidente.
Es así como en los últimos años la oferta de acomodación para los turistas ha aumentado en un 45%, mediante la llegada de prestigiosas cadenas hoteleras que en varios casos en asocio con empresarios locales, se han sumado a establecimientos tradicionales de la ciudad para brindar un servicio de primera calidad.
Pero lamentablemente, la ecuación por el lado de la demanda no ha respondido de manera proporcional. Y no lo ha hecho, por motivos que pueden incluir razones de todo tipo. Sin embargo, hay varias que son plenamente identificables.
Y es que mientras el sector privado ha cumplido con su parte, no solo desde el punto de vista hotelero sino también en cuanto a oferta gastronómica con restaurantes de calidad y centros comerciales a la altura de las grandes urbes del mundo, su contraparte pública continúa siendo un auténtico desastre.
Sí. A pesar de que se han construido atracciones turísticas como Panachi y más recientemente el Santísimo y Acualago, éstas no van a ser suficientes para atraer turistas si se falla en otros aspectos claves para la industria sin chimeneas.
Unas vías para llegar a la ciudad aceptables con una movilidad suficiente, calles y avenidas limpias y bien señalizadas, un ornato básico digno, un aeropuerto con unas normas mínimas de higiene y un conveniente porcentaje de la población capacitada para tratar a los visitantes mediante un excelente servicio al cliente, son elementos indispensables. Y no solo para atraer turistas, sino aún más importante, para que éstos vuelvan y recomienden el lugar a sus conocidos.
Pero ninguno de estos requisitos existe en esta ciudad.
La verdad es que todo aquello que depende del aparato oficial no solo luce deteriorado y sucio, sino que exigencias primordiales como tener andenes limpios y transitables para las personas en Bucaramanga, no se cumplen.
La oportunidad para el desarrollo turístico está ahí. Se presenta muy atractiva y más ahora cuando por el efecto del dólar más colombianos viajarán dentro del país y los precios para los visitantes internacionales se han vuelto especialmente provechosos. El sector privado, hay que insistir, ha cumplido con su parte, razón por la cual solo falta desear que ojalá el público y más concretamente los nuevos mandatarios, sean conscientes de la situación y tengan la voluntad y las estrategias para solucionarla.










