Mientras el mundo protege la vida de un árbol, en nuestro país, no valen nada. Los árboles en las ciudades igual que la flora y fauna de los páramos, son vitales para la vida humana. Un árbol vale más que todo el oro, locales comerciales y riquezas del mundo. Los árboles igual que los frailejones y pajonales de los páramos, realizan la fotosíntesis. Sin fotosíntesis no hay vida humana. Recordemos que este proceso convierte el agua, la energía solar y el dióxido de carbono (uno de los culpables del cambio climático y contaminante cancerígeno) en almidón y azúcar con los cuales se alimentan. A la vez, la clorofila (la sangre del árbol), absorbe la luz y produce oxígeno. Un frailejón de Santurbán produce entre 150 a 200 kg de oxígeno cada año. Un Sicomoro o Ficus producen 100 kg de oxígeno cada año. Los árboles de la Normal producen aproximadamente 24 toneladas de oxígeno por año. Al mismo tiempo, un solo estudiante de la Normal consume 9.5 toneladas de aire al año. Sustituir 160 árboles por concreto en esa zona, es un crimen contra Bucaramanga. Al revés, debe arborizarse la zona para proteger la salud en ese sector. El estudiante o cualquier trabajador o paciente de la clínica vecina, necesita cada uno tener 8 árboles al lado que le aporten el oxígeno diario. Mutilar esos 160 árboles significa elevar la temperatura en la zona un grado centígrado con disminución de humedad y aumento de la radiación solar ya alta por el concreto en el sector. El cambio climático junto con el material de la combustión de la gasolina de los carros, incrementará más el cáncer, leucemia y enfermedades neurodegenerativas en los vecinos. Las enfermedades respiratorias crónicas seguirán empeorando y los virus serán más agresivos como lo estamos viendo. La severidad de la diarrea que obligó a cerrar colegios y casi acaba con un congreso médico, por enfermedad grave en los huéspedes de dos hoteles, es debida al cambio climático. Finalmente, ¿Por qué los niños tienen que enfermarse al alterarles el medio ambiente donde estudian?