La jornada electoral que dejó como ganador de la presidencia de Colombia a Abelardo De La Espriella no solo marcó el inicio de un camino político para algunos de sus aliados, seguidores y activistas, sino también el posible final del sendero para algunos de sus contradictores.
El país sigue dividido en dos, pero Santander nuevamente demostró que no es una tierra para sembrar ideas de izquierda, y mucho menos si proceden de dirigentes que, como Gustavo Petro, no son capaces de entender la realidad actual del mundo y siguen anquilosados en las ideas de Bolívar y las refriegas de Santander, cuando en toda la campaña los derrotó la IA.
La política tiene unos nuevos dinamismos que Ivan Cepeda no quiso reconocer, y prefirió aferrarse a unas hojas de papel en su manos, creyendo que todavía vive en los tiempos de la Unión Soviética. Ese preciso e incontrolable cambio en las dinámicas de la sociedad los llevó a la derrota y, junto con ellos, los santandereanos por fin pudieron ver el verdadero rostro de quienes durante años negaban ser afines a la guerrilla, juraban no ser de izquierda o rechazaban con el alma ser petristas.

Uno de ellos es el diputado de Santander por el Partido Verde, Danovis Lozano, un joven activista nacido al interior de las manifestaciones socioculturales de la UIS. Su mantra siempre fue decir “no soy petrista”, pero bajo el sombrero ocultaba lo que ya no puede negar: “soy de izquierda”.
Su entrega a la campaña de Ivan Cepeda, su silencio frente a la manifestación de Sandra Ramírez en cuanto a que el Comité por la defensa de Santurbán era una de las formas de lucha de la guerrilla, y su presencia en Neomundo defendiendo los votos del candidato oficial del petrismo, lo dejan muy diezmado para ejercer sus funciones de control político en la Asamblea de Santander, porque sus lágrimas y dolor social, ya tienen una ideología clara, precisamente la que en esta región se rechazó por mayoría. Se la dejó fácil al Gobernador Juvenal Díaz, sin haber tenido necesidad alguna.











