Empiezo por reconocer la gran capacidad del Gobierno para intervenir políticamente en este proceso. Fueron muy diligentes en movilizar su amplia base de empleados y simpatizantes para respaldar a Iván Cepeda. También contaron con una maquinaria electoral bien aceitada, sostenida por importantes recursos.
Pero lo más preocupante, según diversos sectores críticos, es la forma en que se impulsó la campaña “Por la Vida”. Han circulado numerosos comentarios de ciudadanos que atribuyen los resultados electorales en algunas zonas del Chocó y otros departamentos del Pacífico a la presunta influencia de grupos armados ilegales. Usuarios señalan que la presencia histórica de estas estructuras, con fusil en mano, afectó la libertad del voto y que, por “salvar la vida”, votaron por el que Petro decía.
Otro tema recurrente en las plataformas digitales ha sido la supuesta compra de votos en departamentos como Atlántico. Diversos internautas han manifestado su preocupación por prácticas clientelistas que, según afirman, continúan afectando los procesos electorales en algunas regiones del país. Los comentarios reflejan desconfianza frente a la transparencia electoral y reclaman mayores controles para garantizar la libre expresión de la voluntad popular.
Asimismo, se han compartido fotografías de Iván Cepeda junto a Rodrigo Londoño, conocido como “Timochenko”, máximo comandante de las Farc durante años. Los críticos señalan que algunas de esas imágenes fueron tomadas antes de la firma del Acuerdo de Paz de 2016. Nadie puede olvidar que su padre, Manuel Cepeda, perteneció de cuerpo y alma a las Farc. Iván fue formado en la Unión Soviética.
Como decía mi abuela: “Si el río suena, no es porque se ahogó la orquesta”. Es por eso que, concluido el proceso electoral y conocidos los resultados oficiales, los seguidores de Abelardo De La Espriella consideramos que su victoria representa el respaldo de millones de colombianos a una propuesta de cambio político. Para ellos, se impuso una campaña basada en las ideas, la participación ciudadana y la convicción de los electores. Sostenemos que triunfó la voluntad popular expresada libremente en las urnas.
Hoy la esperanza es una realidad. Esperemos que sus colaboradores sean el producto de una inteligente selección, que su servicio sea transparente, pero, sobre todo, que recuperemos la seguridad. Miramos con buenos ojos que los militares sacrificados vuelvan a las armas, para cumplir con la Constitución: “guardar la vida, honra y bienes de sus ciudadanos”.
Los santandereanos esperamos que ahora sí se ejecuten las obras en la vía Bucaramanga–Barrancabermeja, la transversal del Carare, la vía en doble calzada hasta la costa, la navegabilidad en el río Magdalena y obras de infraestructura para este departamento olvidado. Necesitamos defender el agua en el Páramo de Santurbán.












